6 mar 2013

Chiang Mai para todos los gustos

 
Chiang Mai es una de esas ciudades donde hay de todo, para todos los gustos. Desde trekkings  hasta cursos de masaje o cocina, pasando por museos de lo más curiosos, tiendas de todo y pubs de lo más “animados”. Está muy bien preparada, siendo muy accesible para todo tipo de personas y necesidades, desde aquellos que buscan la adrenalina hasta los que buscan curro, pasando por aquellos con intenciones de voluntariado.


Nosotros estuvimos tanteando algún curso, pero finalmente tan sólo nos dedicamos a turismear por la zona, sin alejarnos mucho ¡que el calor no es ni de lejos uno de nuestros fuertes! Así que entre templo y templo y sombra y sombra anduvimos metiendo la cabeza en los frigoríficos de los 7 eleven, estas tienducas con todo un poco y bastante baratas que puedes encontrar en cada esquina y que pueden hacer las veces para avituallarse a víveres de supervivencia, razón por la que  varias veces las viéramos bien custodiadas por turistas españoles… ¡Si es que cómo está la pela! Decían.


La zona donde nosotros nos movimos fue la céntrica, rodeada por los muros de la antigua ciudadela. Esta considerable superficie de planta cuadrada estaba petadiiita de templos, templos y más templos, ¡y la inmensa mayoría eran gratuitos!.. sin embargo, eran tantos, que hasta Mikel llegó a saturarse ¡y hasta dejó alguno que otro sin visitar!


 
También había muchísimas tiendas, claro, y aquí Amaia se lleva la palma, eso sí, dimos con una tienduca muy interesante que a fin de ayudar a la integración social, especialmente de niños en condiciones crudas, vendían artesanía de lo más original.


Visitando uno de los templos, nos encontramos con una pareja de Bilbao, que como no, ¡nos fichó por estar hablando en Euskera! Si es que va a ser que hablamos más en Euskera que en castellano o Inglés, ¡aiba la hostia pues! Esta pareja tenía un par de semanas para conocer un poco el norte y gozar un poco del sur. Ya habían dejado atrás el jet lag y el shock temperaturil y se les veía encantados… y tan sorprendidos como nosotros por encontrarse en el interior de algunos templos con… monjes de cera hechos a la más pura imagen y semejanza de algunos abades de la ciudad. ¡Alguno hasta parecía que parpadeaba!
 
Está ciudad está llena de vida, y esto es especialmente patente cuando cae la noche. No somos de marcha, en realidad somos más abuelicos que otra cosa, la partimos con el punto y ganchillo y tal, pero nos animamos a darnos una vuelta por las zonas más concurridas: la zona del mercado nocturno y la zona de los pubs.

En el mercado hay, para variar, mil puestos que repiten una y otra vez, básicamente, la misma mercancía, pero también puedes encontrar, si no te conformas con esto y buscas, pequeños puestecillos de dibujo, tallado o costura entre otros, en los que alucinar con las artes que se gastan los Thais. Respecto a la zona de marcha… bueno, más que de marcha vimos zona de putiferio. Nos quedamos pillados viendo de primera mano eso del “turismo sexual” que tanto se oye de estos países pero que hasta la fecha, pues vaya, lo normal. También nos llamó la atención la de Ladyboys (travestis y transexuales) que había, algún@s al negocio, otr@s al disfrute. Y mucho mucho, hombre solitario (que no sabemos si soltero) bien entrado en años, tonteando. Pero además, aquí no sólo salen de fiesta nocturna las personas, aquí los que más triunfan son los mosquitos, que salen a pasear y emborracharse de sangre, y sin piedad. Menos mal que en nuestro alojamiento había un arma de inigualable eficacia. Aquí descubrimos…  ¡La raqueta de tenis eléctrica fulmina mosquitos!!
El tema de la malaria daría para una entrada… ummh, nos lo pensaremos.

Como plato fuerte, dejamos la excursión a Doi Suthep, el templo que se alza sobre la colina en la que descansa el dios que protege la ciudad. Tras subir una serpenteosa carretera llegamos a la entrada donde aguardan dos dragones, serpenteosos estos también, ¡claaaro! Desde la propia entrada ya empezamos a ver a niñ@s con ropas tradicionales a fin de hacer las delicias de los extranjeros: unas fotucas o unos bailes “tradicionales” por unos Baths. ¿Pero qué hacían ahí en lugar de en la escuela?



 
Una vez arriba del todo, en el dorado complejo monástico, los más devotos hacían sus rezos, los menos seguían al rebaño y los que pasábamos, pues sacábamos fotografías a cosas tan curiosas como un grupo de guiris pagando por un “tradicional” bautizo realizado por un monje y una pulserita bendecida, mire usted, totalmente irrealista. Nos pareció que había un circo montado que pá qué.




Además de tantear los cursos también tanteamos hacer algún tour, cierto. Llevábamos la idea de montar en elefante desde Vitoria, pero a lo largo del viaje argumentos de peso fueron haciéndonos estar más y más seguros de que no queríamos colaborar en nada que perjudicase de forma tan clara la vida de alguien. Por esto, ni fuimos a montar en elefante, ni a ver tigres a los que drogan para que gustes de tocarlos, ni a visitar a mujeres-jiraja expuestas como canarios en jaulas. No, pasamos de esto.

Por último, comentar que aquí celebramos los 7 meses viajando juntos por el mundo y, ¡los 9 años de viaje como pareja!

5 mar 2013

Vestigios Khmeres, también en Sukhothai


Tras unas cuaaantas horas en autobús desde Bangkok compartiendo camino con cientos de imágenes del rey (si no miles, y es que los Tailandeses sienten auténtica devoción por su rey), nos plantamos en Sukhothai, la antigua capital del reino de Siam, la actual Tailandia, vaya.
 


Hasta aquí llegó el imperio Khmer, y así quedó patente en las famosas ruinas que se alzan a las afueras de la ciudad, que son principal y exclusivo motivo de visita para la mayoría de turistas y viajeros. Un rollito a Angkor flotaba en el ambiente: Influencias religiosas muy estrechas, similar arquitectura… pero a un tamaño más pequeño, claro.
 
 
 
Las ruinas se encuentran a cierta distancia de la ciudad, que más bien es un pueblecito. Hay quien va en bici o, más vagonetix (esta vez cómo nosotros) quien comparte un Sôrngtâaou (o sea, una ranchera-taxi). Una vez allí, lo mismo: puedes, o bien pasear por las ruinas, o coger ese útil instrumento biciclil para recorrer toda la zona e incluso irte a otras zonas más alejadas.




El día era achicharrante y como como madrugadores dejamos mucho que desear pero como curiosos tenemos buena nota, pues rápido se nos echó encima el mediodía. Recorrimos la zona más rica en ruinas, lo básico, y con eso nos dimos por más que satisfechos. Así que vuelta pá la sombrica a estar debajo de un ventilador. Hay algún guiri que otro que el ventilador lo lleva en la propia visera, implantado, y conectado vía placa solar… la pena es no tener foto, ¡echadle imaginación, los guiris ya no son lo que eran, han pasado a un nivel superior!

Una visita rápida, para partir el ascenso hasta el norte del país. Una visita tranquila, con tiempo para ir conociendo a una gente de lo más tranquila también. Los tailandeses, las tailandesas y l@s ladyboys (3º género del país) nos iban enseñando pequeños retazos de su cultura y alguna de las complicadas palabras en su lengua, ¡nuestro más sincero Kòrp kun ha y Kòrp kun crub! ¡Muchas gracias para ellos, ellas y ell@s!

Los dados olvidados

Érase una vez unos dados que se quedaron en el olvido hasta que por fin un día... ¡resurgieron! Tiene gracia que, si haya por… vete tú a saber cuándo se nos ocurrió hacer la etiqueta de “Gozatiempos”, fuese por estos dados, nuestro primer pasatiempos, y que aún no los hubiésemos nombrado.
 
Así es como empieza el juego: se van tirando los dados uno a uno, o todos juntos, o en parejas… y según la imagen o imágenes que hayan aparecido en ellos, la persona o grupo de personas van creando una historieta. Vamos, que la cosa va de ir echándole imaginación al improvisado relato. Hay miles de formas y combinaciones diferentes, se puede poner una temática a tratar, se pueden ir turnando los contadores oficiales, se puede dar un significado metafórico a la imagen en cuestión… vamos, lo más bonito de este juego, es que sólo importa pasar un buen rato gracias a la imaginación, y ésta, resulta que no tiene límites.
Estos dados se unieron a nuestro viaje allá por nuestra estancia en Amsterdam, dónde nos encontramos con el capitán Nemo y sus invenciones en el submarino Nautilus, que se hallaba descansando en el puerto de la ciudad. Estos preciosos dados estaban perdidos bajo un montón de viejos cacharros y polvo, como olvidados. Pensamos que el capitán no los echaría de menos y decidimos darle un buen uso a lo largo del viaje, siendo admirados y lanzados por más viajeros que contasen con la imaginación como aliada.
Han dado para historietas de lo más delirantes, para marcarse buen rap, pero también nos han regalado historias llenas de emoción y sabiduría. ¡¡Y anda que no les queda por rodar!!

4 mar 2013

Deseado reencuentro en Bangkok

Tras un vuelo baratísimo con una de las compañías aéreas más lujosas, y mientras disfrutábamos de los últimos estrenos, aperitivos gourmet y un atardecer precioso, llegamos a Bangkok, esa ciudad que no es que no duerma, es que siempre está de fiesta.

 
Tras acercarnos en tren lo máximo posible, compartimos taxi con una pareja argentina con un buen jet lag para acceder a la archifamosa calle Khao sarn, que además de conocerse por su vida nocturna (con toda una fauna de lo más especial), es también la zona con mayor oferta hostelera de bajo precio de la ciudad. Tras un pequeño paseo hacia sus afueras llegamos a nuestro chollo, ¡y es que lo tenía todo: cercanía al meollo pero en silencio, y sobretodo precio! Aunque sólo pasaríamos un par de noches, teníamos un mes tailandés por delante, ya veríamos la capi más tarde, había más ganas de otros lugares. ¿Y entonces, qué nos retenía allí?

Pues que esperábamos una reencuentro que hacía tiempo deseábamos tener. Por fin, nuestros itinerarios volvieron a coincidir, después de cuatro meses… ¡Sí! Volvimos a juntarnos con Alex y Claire, nuestros gabachitos favoritos. Un encuentro que, si bien fue breve (24 horas), disfrutamos muchísimo, fue muy emocionante. Ellos venían de India, donde habían pasado dos meses entre el norte y el sur, y pararon en Bangkok porque los aviones aquí salen más baratos pero al día siguiente tirarían a Laos, su verdadero objetivo, en tren desde Bangkok.


 

 


Hablamos por los codos, en nuestro “spanglish gabachil” particular, y es que aunque nos habíamos estado escribiendo, aún había mucho por contarse. Aun así, entre charleta y charleta, algo de turismeo ya hicimos. Y eso con el insufrible calor de esta ciudad. Ellos ya conocían Bangkok, así que nos hicieron un mini tour por la city, a un par de sitios, vaya! Que la grandeza del día no radicaba en ningún templo! Pero disfrutamos mucho la zona del río, recorriéndola con el taxiboat, ¡sobre todo por el fresquito que se movía! jajajajaja




Nos encontramos una ciudad muy próspera, ya habíamos oído que Tailandia es uno de los países más ricos del sudeste asiático, pero nos sorprendió la cantidad de rascacielos que la perfilaban. Las infraestructuras estaban más desarrolladas que en los países vecinos que habíamos visitado, eso lo notamos nada más llegar. En las pocas horas que estuvimos en la capital la describimos como una mezcla de herencia china, desarrollo siamés e influencia hinduista… y lo que sea que salga de este brebaje al mezclarlo con la modernidad de estos tiempos.
 


Nos quedaba mucho por conocer, pero por lo visto, ¡la vuelta prometía!

1 mar 2013

Regreso al futuro

¡¡Extra, extra!! ¡¡Notición, notición!!

Por primera vez en la historia histórica del blog, ¡¡¡Nos actualizamos!!!
Bueno, vale… no exactamente, seguimos teniendo un desfase de unas dos semanas, ¡pero empezamos a hablar del país en el que estamos a día de hoy!
Eso sí, a la par que entramos en Tailandia saltamos en el tiempo al año… ¡¡2556!! Y podemos decir que con nuestros 571 y 572 años, ¡nos mantenemos divinos! Jajajajjaaa Naaah, es que resulta que aquí se basan en el nacimiento de Buda para marcar el año en el calendario.
¿Y cómo así que volamos a Tailandia, si la idea original era llegar cruzando Laos, no? Hicimos una hipótesis temporal y económica para analizar si nos salía rentable cruzar Laos para llegar a Tailandia o si era mejor volar a Bangkok directamente. Tras comprobar que volar nos salía mucho más barato y que nos daba unos cuantos días, que ahora valorábamos mucho (por razones de exclusiva), nos decantamos por el salto a la capital Tailandesa.