26 nov 2012

Algunas artes chinas

Algo que nos encantó de China y sus habitantes fue la cantidad de actividades que desempeñaban al aire libre. Había muchísima vida social, especialmente en los parques, pero también en los lugares más inhóspitos. Hemos hecho una pequeña recopilación de algunas de estas:
 
Artes marciales
Pudimos ver una gran cantidad de gente practicando Tai-Chi. Asimismo, había un buen número de escuelas para aprender Wu-shu abiertas a todos los públicos.
 
Caligrafía

 Apasionados de su bello sistema de escritura, pudimos ver a muchos perfeccionando la técnica con pincel y agua en diferentes luagres. Pura complejidad estos ideogramas tiene no solamente una dirección en sus trazos, sino también un orden. 


 
 Pinturas
La cantidad de personas que encontramos estampando paisajes sobre lienzos fue muy grande, la mayoría en puntos turísticos, pero también encontramos en sus propios talleres. Nos sorprendió la habilidad y originalidad que mostraban.




 
Artesanía
 Algunos mostraban habilidades especiales con las manos. Por ejemplo, de una corteza, rama u hoja podían crear las más inverosímiles figuras, o tallar compejas escrituras en cualquier superficie.

 
Música
También disfrutan enormente de la música, desde los bailes callejeros nocturnos, hasta un elabordisimo espectáculo al son de los tambores.




 
Vida social
Nos impresionó la cantidad de vida social que tenían, disfrutaban de su compañía reallizando diferentes juegos, de los cuales resaltamos el ajedrez chino y el badmintón futbolísto chino.



 
Regateo
El arte chino por excelencia. Aquí desarrollamos más nuestra capacidad para este arte, y ¡vaya maestros nos echamos! Les encanta, te pueden llegar a bajar el precio inicial hasta casi 20 veces, lo que lo convierte en un juego de mano izquierda y paciencia, muuucha paciencia.


Encontramos el puerto en Shanghai

Tras regresar a Guilin, recoger nuestras mochilas del albergue y esperar en la estación a nuestro tren con un retraso de más de 3 horas (más tarde descubriríamos que eso no es nada), nos montamos en nuestro último tren-cama hasta la fecha y que nos llevaría a nuestra última parada china: Shanghai.
 
Bueno, lo cierto es que aún pensábamos visitar algunos lugares cercanos a la ciudad pero sucedió algo que cambió nuestros planes… Tras encontrar el albergue y dejar nuestras “casas caracol” allí, nos fuimos a cenar para pasar el mal trago que nos dejó el enterarnos de que nuestros billetes de tren para Japón (Japan Rail Pass) no habían llegado, tal y como habíamos quedado con la agencia (pero esta historia ya la contaremos que es muy larga). Encontramos un restaurante genial con unos precios de risa y nos dimos un buen banquete. Tras el grandísimo esfuerzo para levantarnos de la mesa, nos hicimos hacía el albergue, pasito a paso, y cual fue nuestra sorpresa cuando entramos por la puerta: Ahí estaban, ¡¡Claire y Alex!! Jajajjajaa. Increíble. El magnetismo que tantas veces nos había llevado a juntarnos por ahí seguía funcionando a tope, pues no había albergues en Shanghai ni nada…

Teníamos poco tiempo antes de hacernos a la mar, rumbo a Japón, y si bien nos llamaba más la atención conocer “pueblos” cercanos a la ciudad que Shanghai en sí, al no encontrarse Claire en sus máximas y querer pasa tiempo juntos, decidimos hacer turismo más lasai aquí.
Como no podía ser de otra forma, fuimos a visitar la concesión francesa, pero también pudimos entrar en el museo de artes para que, ya que no íbamos a ir al Tibet, al menos nos hiciésemos una idea más clara de lo que había por allí gracias a una exposición que justo se inauguraba a nuestra llegada. Estuvo bien, unos cuadros muy bonitos, sí, pero ni rastro de lo que allí está pasando, ni rastro de lo que China lleva haciendo allí desde hace ya más de medio siglo.

También conoceríamos la zona más famosa y con más tiendas de la ciudad, a la que, a medida que nos aproximábamos, no dejábamos de encontrarnos edificios mayores y más modernos y las marcas más prestigiosas (¡estos chinos exportan las marcas baratas y se quedan con las buenas!).

¡Locurón!

 
Al anochecer llegamos al boom: el Bund. La también llamada “ciudad del futuro”, con una de las torres más altas del mundo (porque aunque nos dijesen que era la más alta, el “mérito” se lo llevan sus “amigos” nipones) y un gran número de rascacielos acorazando el resto de su orilla. Un nuevo barrio al que no entramos por la “pereza” que nos dio meternos allí dentro. Muchísima gente se había agolpado en este paseo para contemplar el espectáculo. Pudimos charlar un rato con extranjeros residentes aquí y nos contaron sus sensaciones al vivir en una ciudad tan moderna y a la alza. La diferencia entre Beijing y Shanghai salta a la vista: una es la tradicional y la otra la cosmopolita, la ventana al mundo de china, la aspiración y futuro de las demás ciudades chinas. Para gustos los colores.



El último día lo dedicamos a buscar el lado más tradicional de la ciudad, su "Oldtown". Tras esquivar el timo de la ceremonia del té (estabamos avisados por los vascos del rio Li), nos adentranos en esta zona, que aunque no nos pareció de lo más tradicional ni antigua, tenía su puntillo.





Con este último escenario dabamos por finalizada nuestra aventura china. Es curioso, porque este lugar en concreto fue una síntesis de cómo vivimos China, bajo nuestro punto de vista, claro. Tal vez teníamos la idea de que iba a ser más tradicional e iban a respetarla más, pero nuestra sensación fue la de que tiene explotadas las zonas turisticas convirtiendo lo que antaño era auténtico en algo un poquitico artificial.


22 nov 2012

Navegando por el Rio Li

Cerca de las 2 de la mañana llegamos a Guilin. En la recepción del albergue no quedaba nadie más que el de mantenimiento, que muy amablemente nos dio una nota que el staff había dejado para nosotros, junto a  las llaves de nuestra habitación. Ya por la mañana hicimos el check-in, con la suerte de que por aquellas fechas y debido al poco turismo que había, nos hacían un 3x2, 3 noches por el precio de 2, sencillamente ¡genial!
Cerca de nuestro albergue había un restaurante de comida española, así que miramos los platos… pero no había nada de jamón, tortilla de patata… Hablamos largo y tendido con el amigo del dueño, que este sí que era español, y nos dio unas recomendaciones y consejillos acerca de qué visitar por la zona ya que había ejercido de guía en esta zona. No teníamos muy claro qué ver, andábamos algo indecisos porque nuestra estancia por esta zona iba haber sido bastante larga debido la cantidad de sitios a visitar pero como ya dijimos, el tiempo se nos había echado encima con la decisión de no hacer una doble entrada, y teníamos que decantarnos… ¡todo no lo podíamos ver!
 
Guilin, fue, esencialmente nuestro campamento base para reorganizar nuestras visitas a la zona, y descansar, pero también tuvimos tiempo de ver algo de la ciudad. El enclave era impresionante, pero era sólo el aperitivo de lo que nos esperaba en la zona del rio Li. Ya se empezaban a ver aquellas colinas que nos recordaban a la serie de “Dragoi Bola”, pero debido a la bruma (o contaminación) no se veía más lejos que lo que teníamos enfrente. Desde la vista más alta de la ciudad, la cima de “la colina de la belleza solitaria”, se podía apreciar el escaso respeto que le habían dado al entorno natural, una aberración que nos llegó a doler.


Regateando al estilo chino nos hicimos con un “semitour” para ir hasta Yangshuo, que incluía un descenso en barquita por el rio viendo las impresionantes colinas… Si bien la “bruma” no era tan abundante, no pudimos apreciar los tonos verdosos de la vegetación. Eso sí, había una atmósfera muy curiosa, y las colinas parecían esconderse entre los jirones de niebla. En el bus coincidimos con una pareja vasca muy sorprendida al oírnos hablar en euskera, pensaban que se estaban volviendo tarumbas.



 
El resto de camino hasta llegar a Yangshuo se hizo muy ameno. Estuvimos hablando de la situación de españa y de lo que sucedió en la manifestación de septiembre que tan inquietos nos dejó. También intercambiamos info sobre nuestras rutas por china ya que estábamos haciendo el mismo itinerario pero en dirección opuesta.
Yangshuo era un enorme pueblo turístico, con muy poco que ver a excepción de su ambiente nocturno, pero en cuanto alquilamos nuestras bicis y salimos a disfrutar de su verdadero tesoro: su ubicación, disfrutamos de un día memorable.
¡Eso sí! con mascarillas. Ya era hora de hacer ejercicio, y como teníamos horas de gimnasia pendientes, ¡decidimos darle caña al body! Apenas salir del asfalto vimos la pendiente que nos esperaba, y a poco estuvimos de dar la media vuelta. La fuerza nos la dio el pensar que ¡luego tocaba la bajada!
 

Nuestra primera parada fue Shangri-La, una paradisiaca zona rural convertida hoy en toda una atracción turística. Apunto estuvimos de dar media vuelta cuando descubrimos esto y vimos el precio de su entrada, una vez más, salida de contexto… en un país donde comer, dormir y moverte sale tan barato… Pero entramos, tras 17 km de cuesta arriba necesitábamos descansar y aprovechar el viajecito. Mientras esperábamos la canoa que nos daría el paseo por el parque temático decidimos entrar a una tienda de comida, pero no nos dimos cuenta de que se trataba de la tienda de souvenirs y comida de la salida. Cuando quisimos volver sobre nuestros pasos, nos encontramos con una puerta que nos prohibía el paso en ese sentido y con una china un tanto runga que sólo sabía decir: ¡No, no y no! La mujer se empecinó la tira. Le explicamos la situación de todas las formas habidas, le mostramos los tickets… pero no había manera, no nos dejaba irnos, llegó el de seguridad y otra trabajadora de allí, en fin… montamos la de san quintín. Ante sus insistencia para que nos dirigiésemos nuevamente a la entrada acabamos diciéndoles que Agur, que nos íbamos a por la dichosa canoa, que estaban siendo muy cansinos pero que para cabezones nosotros, y nos dejaron ir.




 
Otra epopeya fue encontrar un sitio para comer. Cruzamos una zona de pueblos poco o nada turísticos con todos los menús de sus restaurantes en chino, y sin fotos, ¡claro! Finalmente encontramos uno en el que a pesar de tener las mismas condiciones nos hicimos entender, gracias a un grupo muy amable de chinitos que estaban comiendo y nos hicieron su recomendación además de darnos la posibilidad de señalarle a la camarera qué nos queríamos llevar al buche. La comida, nuevamente, ¡deliciosa!
 
Una vez repuestas las fuerzas hicimos continuamos nuestro recorrido en paralelo al río. Queríamos ver toda la zona, pero hubo partes que no vimos porque, para ver entre otras una colina con un agujero, un árbol tricentenario o una mariposa pintada en la roca… ¡había que pagar!
 
 Exceptuando ese sableo constante, la experiencia estuvo genial y lo pasamos en grande (sobre todo ahora que lo estamos recordando). Aquel biciturismo fue divertidísimo.



Nos montamos en un bus para ir al punto más recóndito que visitaríamos en el rio Li y que tiene la imagen que plasmarían en el billete de 20 yuanes: Xingping. Ahora sí, ¡un pueblo! Gracias, esto es lo que necesitábamos.  Esta zona es, si cabe, más impresionante.
 

Allí conocimos a Diego, un madrileño que disfrutaba de sus “viajes paranoicos” (cuyo blog podeis seguir desde nuestros “blogs amigos”). Unas largas y gratas conversaciones, y comidas, nos aguardaban. Y es que resulta que llevábamos prácticamente el mismo recorrido hecho y pudimos recordar lugares ya visitados.

Mereció la pena decantarnos por esta zona y no por la otra que teníamos fichada más al norte, tal y como nos aconsejó el burgalés! El último regalo que nos dio el rio Li fue uno de los atardeceres más mágicos que hemos tenido hasta la fecha, una panorámica vista de todas las colinas teñidas por la dorada luz de los últimos rayos del sol.