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23 feb 2013

Barreras invisibles entre los árboles

Uno de los bobotiempos más absurdos de este viaje ha sido sin duda hacer todos los trámites para poder cruzar las fronteras que nos separan. Si bien es cierto que unos visados han sido más sencillos que otros, apestan, menos mal que no en todos los países hemos necesitado hacerlos, algunos sencillamente te otorgan permisos de estancia.
 

Nuestro primer visado lo realizamos en Madrid, aprovechando una estancia allí, pues teníamos entendido que el visado Ruso era complicadillo y que te exigían un montón de historias… y algo cierto era. Conseguimos contactar con la embajada Rusa para que nos aclarase todos los papeleos a entregar. Unas fotos, formularios, pasaportes, fotocopia del seguro de viaje, una carta de invitación y alojamientos y por supuesto fotocopia del ingreso monetil a su cuenta bancaria. Un visado que poco tardó en llegar a nuestras manos y que marcaba directamente el día de nuestra entrada en Rusia para una estancia menor a un mes.

En Irkutsk, Rusia, hicimos nuestro siguiente visado: el Mongol. Sencillo: unas fotos de carnet, un formulario que realizamos en la propia embajada mongola y dependiendo de la rapidez en que quisieras el visado (un día, tres o una semana) ingresabas más o menos cantidad de dinero. Nosotros aprovechamos nuestra escapada al Lago Baikal y a la vuelta recogimos el visado. Un mes.

El visado Chino fue uno de los más complicados de hacer, quizá fuese por hacerlo en la capital mongola (y las rencillas que se traen entre estos dos países), o porque cambiaron ciertos requisitos poco antes. Sea como fuere, fue una pequeña odisea. Fotos de carnet, formularios (esta vez 3 tipos diferentes), una carta de invitación, confirmaciones de vuelo de ida y vuelta y de alojamientos, un itinerario a seguir y fotocopia del pasaporte. Casi todo fue falso, entre una agencia que falsificaba documentos y que los vuelos eran de reserva sin pagar, fue todo un circo… 30 días por 35 dólares para los europeos afortunados, 10 días por 160 dólares para lo estadounidenses… 

Nos hicimos a la mar desde China para atracar en el puerto de Osaka, Japón, donde agradecimos que nos regalaran 3 meses de permiso de estancia turística nipona con posibilidad de ampliación.

De Japón aterrizamos en Nepal, donde el visado nepalí lo pudimos hacer in situ en el aeropuerto. Cogimos un formulario que nos dieron a la entrada, dimos una foto, pago en mano y en 10 minutos teníamos nuestro visado estampado en el pasaporte. Nosotros cogimos de 15 días, pero podías pagar hasta por dos meses.

El siguiente visado, uno de los más caros y pesados, lo realizamos en Katmandú, y como no queríamos andar de idas y vueltas a la embajada cada tres días sino rular un poco por el país, pues decidimos hacerlo mediante una agencia que se encargaba de hacer los trámites por una comisión. Nos tuvimos que sacar foto ya que este visado exigía unas de tamaño más grande, un par de formularios y fotocopias del pasaporte. Pero aún con tanta sencillez dio la brasa, y es que al parecer acababan de cambiar los requisitos, y ahora, todo el procedimiento pasaba a tomar un mínimo de… ¡14 días! Menos mal que la agencia lo agilizó un poco. El visado Indio tiene la peculiaridad de poner directamente los días que puedes estar en India, son 3 meses, pero comienza a contar desde el mismo día que te entregan el visado, estés donde estés.

En Nueva Delhi nos sacamos el visado Birmano, ya que habíamos oído que conseguirlo al llegar era muy chungo. Éste, aunque pudiera parecernos complicado, fue de lo más sencillos. Foto, formulario, reserva de avión de entrada y salida del país, reserva de hotel y fotocopia del pasaporte. Y en 24 horas lo hubiéramos tenido en nuestras manos si no hubiera sido por las fiestas de navidad. Este visado era de 28 días y uno de los más baratos.

El visado camboyano fue una maravilla… pese a tener que realizarlo. Nada más llegar al aeropuerto de Siem Reap entregamos nuestro pasaporte junto con 20 dólares (otro barato), una foto, y la ”arrival card” que nos dieron en el avión. En menos de 5 minutos lo teníamos. Un mes.

En la capital camboyana hicimos el visado vietnamita. Hicimos el formulario en la propia embajada vietnamita de Phnom Penh, entregamos una foto y el pasaporte, 60 dolaracos per capita y en 24 horas recogimos nuestro pase a Vietnam. Un mes de permiso desde la fecha que establecimos.

Tailandia tiene la facilidad de dar permisos en la propia frontera o aeropuertos, con la peculiaridad de que si cruzas por tierra te dan tan sólo 15 días, mientras que por aire te dan 30. Sin fotografías ni nada. Un mes como tope sin ampliaciones bajo pago. 
 
Tras tantas fronteras, tras tantas barreras invisibles que nos afectan a todos, pero de forma distinta a unos y a otros, nos sentimos bastante cabreados. ¿Cómo puede ser que para entrar a un país existan requisitos tan diferentes para unas personas y para otras, sólo en base a su lugar de nacimiento? Es más, ¿Por qué existen requisitos para moverse entre países?
Las explicaciones que hemos encontrado hasta la fecha no nos convencen: regulación, control… Quien viaja no busca imponer ni robar nada, sólo conocer, sólo aprender; quien emigra de su país generalmente no lo hace por placer de modo que tal vez debería preocuparnos más que está ocurriendo en su país de origen para que pueda dejarlo todo atrás, a ciegas, y respecto a quienes se supone hay que temer, no son tantos, y aún serían menos si desapareciese el concepto de frontera.
En Vietnam había más rusos que gente local y resto de guiris juntos, y todo porque para rutar a otros países pueden encontrarse tasas de entrada por las nubes debido a las políticas de su país, ¿Pero qué diantres tendrán que ver esas personas (que un buen número ni siquiera compartirá la visión de su gobierno) con esas bataolas de poder que se traen los diferentes países? Y este no es el peor de los casos, hay personas de ciertos países que se encuentran con la imposibilidad absoluta de entrar en algunos países.
Nos encontramos con viajeros que, independientemente de su país de procedencia, tras tantas fronteras, tras tantas barreras invisibles, lo único que hallamos es lo absurdo que resulta que nos creamos dueños de la Tierra, y nos separemos  entre nosotros de esta manera. ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que el mundo no nos pertenece, de que todos buscamos lo mismo y de que si nos dejamos de limitar al otro (que no es sino limitarnos a nosotros mismos), será más fácil y accesible para todos dar con ello, allí donde estemos?



Soñadores, Idealistas…
¡Todo eso y mucho más, sí! Pero si en algo creemos, es en las personas y en su capacidad de buen obrar. Y es que si algo sabemos es que todos estamos en la misma ola.
Todos somos UNO.

8 feb 2013

Different, different... but, ¿same?


Birmania. Esa tierra tan bella, con esas personas tan sonrientes… y esto, con todo lo que hubo y hay detrás… Increíble. Que bajo un yugo tan opresor hayan prevalecido semejantes sonrisas… ¡qué grandeza!

Sin embargo, a la par que el país va abriéndose al mundo, el mundo, y más concretamente su apresurado y ambicioso ritmo económico también va transformando esa parte de sí. No es esto algo que hayamos podido ver en nuestra corta estancia, no, esto es lo que nos han transmitido todas aquellas personas que visitaban el lugar una vez más y lo diferente que nos la hemos encontrado comparandola con relatos de aquellas que lo hicieron años atrás. La economía está en alza, ¿pero a qué precio?

Algo que nos sorprendió, y mucho, está conectado a uno de los rasgos más característicos de Birmania: el Budismo. Comenzamos viendo pequeños monasterios, con sus humildes y singulares estupas y pagodas, pero la cosa se fue poniendo más ostentosa a medida que avanzábamos por el país. Y no nos referimos a la antigua Bagan, que sin embargo también nos llevó a preguntarnos la razón de que erigiesen semejante ingente cantidad de lugares de culto…

O llenar los altares de dinero y comida, esto, ofrendas. Además, de encontrarnos con lo arcaico que parece unir a todas las religiones:la aceptación de la mujer... hasta cierto punto.


No, nos referimos a las de construcción más moderna, con idénticas normas, y en cuya obra se ha invertido muchísimo dinero. Nos chocó bastante, pues no relacionábamos el Budismo con ese afán por hacer miles de estupas, a poder ser cada vez más altas, luminosas y doradas, sino con la sencillez de un pequeño lugar en paz para meditar.
 
Si algo estamos aprendiento en este viaje, es que ¡no sabíamos nada!
Muchas ideas sí, pero realemente no sabíamos nada.
Y... seguimos sin entender nada.
 

7 feb 2013

Los colores del bosque

Conversación repetida varias veces durante el viaje, con viajeros y gente local:

-¿De dónde sois? -España.
-Oh, ¿y de qué parte? -Del norte, del País vasco.
-Ah... pero entonces no sois de España, ¿no?..


Y es que algunos vascos que nos han precedido por el mundo han dejado muy claro que no somos parte de España (su pasaporte debe de decir otra cosa y la lengua que han utilizado para comunicarse era, sin duda, el Euskera). Nos hemos encontrado con varias personas que incluso había recibido la ubicación del País vasco de esta forma: -Es un pequeño país situado al suroeste de Francia…
Vamos a ver, ¡esto no puede ser!
¡Ayyy!, como pica este tema, y qué rápido se juzga a quien se atreve a hablar de él.
No tenemos más orgullo de ser españoles que de ser vascos, o europeos, porque no tenemos ningún orgullo en etiquetarnos de ninguna de estas formas. Nos sentimos muy felices por haber nacido en el País vasco, tan rico, con su lengua y su cultura, pero no creemos que haya que etiquetarse en ello o, yendo más allá, independizarse, para ser más… ¿nosotros mismos?
Hay quien sostiene que la búsqueda de la independencia se relaciona más con la necesidad de autonomía, de no tener que dar cuentas a nadie, y menos aún, dinero. Bueeeno, esto se entiende fácil, sí, y más en una situación económica como la que vive actualmente España y siendo de una de las comunidades que más tira de ese carro… ¡Independicémonos! ¡Vamos, rápido, sí, vosotros también! ¿¡Para qué vamos a ser “sólo” 205 países en el mundo cuando podemos ser tantos como comunidades o provincias existen!?
¿Acaso hay pocas fronteras, pocos visados y trabas para moverse por esta tierra, que es una… como seres humanos, que somos uno? ¿Lo que queremos seguir repitiendo y enseñando es, una y otra vez, aquello de “cuida tu almuerzo y comételo todo tú, eh”?
Soñadores, ya yaaa, pero sabemos con certeza que hoy día, con la cantidad de recursos que hay, otra forma de vivir, de vivir mucho mejor para todos, es posible. El verdadero bienestar no llega cuando nos separamos más y más unos de otros, sino cuando aunamos fuerzas y recursos para hacerlo lo mejor posible, aquí y allá.
Por esto, a día de hoy, somos del País vasco, somos de España y somos de Europa. Podría decirse pues, que somos vascos, españoles y europeos, pero no sería tan correcto como decir lo que somos y siempre seremos: seres humanos.
 


"Un gran bosque, colosal. Inmenso telar multicolor entretejido por los más variados árboles, plagados de los más diversos frutos… Lleno de diferentes colores, en armonía, lleno de vida.
Una cantidad de culturas enorme, coexistiendo sobre la misma tierra y bajo el mismo cielo, respirando el mismo aire…
Sin necesidad de separarse unos de otros, construyendo altos muros, para salvaguardar su identidad… mas al contrario, pues en la soledad de nada sirve una identidad."


Dicen que "el nacionalismo se cura viajando"... no sabemos si es cierto. Lo que sí que sentimos es que ofrece la oportunidad de vivenciar cómo todos estamos estrechamente relacionados, a entender que todos somos uno.

5 feb 2013

¿El huevo o la gallina?

¿Quién hace que la autenticidad de un lugar ceda terreno a otra cosa, a algo más parecido a lo que los turistas esperan encontrar? ¿El propio turista, o la gente del país que ve en ese cambio una herramienta más eficiente para hacer dinero?

Es decir, ¿Quién hace que a menudo se exageren ciertos aspectos, se inventen otros o se escondan algunos de dudosa apetencia para el extranjero? ¿El visitante, con sus peticiones (a veces exigencias) y sugerencias? O ¿Los locales que ven en ello la forma de atraer más dinero al país?
Creemos que ambos.
Y es que en algunos lugares nos embarga una sensación de llegar “tarde”, de que todo se parece cada vez más, y nos preguntamos: -¿Qué les quedará por descubrir a las próximas generaciones? Tal vez, su país.

24 ene 2013

Salida y meta, mismo punto

Y en estas que viajando, a veces me pregunto por qué hago todo esto, cuál es la razón por la que me he metido en un embolado semejante.

Ver tal o cual lugar, conocer tal o cual cultura… Y si bien es cierto que esto es muy enriquecedor, “quien vive ve, pero quien viaja ve más”, también debo reconocer que más de una vez me encuentro habiendo idealizado esos lugares, esas culturas, y llevándome por ende, un pequeño chasco. ¿Qué es lo que esperaba? Tal vez algo a lo que aparentemente no tuviese acceso en mi lugar de origen…
 
Hace tiempo, una persona muy querida, entregada durante sus más de 30 últimos años a un arte extranjera, me dijo algo que me marcó muchísimo. Ante mi insistencia acerca del porqué aún no había viajado al país donde su arte nació y es, hoy día, afanadamente desarrollada y reconocida; se limitó a responderme que -“¿Para qué? Puedo continuar desarrollando mi arte aquí”.
La idea que me lanzó, o cómo yo la encajé es, pues: ¿Para qué gastar tiempo y energía (además de dinero) yéndote lejos a buscar algo que está aquí, que puedes desarrollar tú porque está en ti?
Algo en mi interior me dice que está en lo cierto, que no hay nada ahí fuera que no podamos encontrar en nuestro interior. Sin embargo, a día de hoy, no consigo quedarme completamente satisfecho, en paz, en mi lugar de origen, con lo puesto. ¡Aún estoy conociéndome a mí mismo! Estoy encontrando aspectos de mí que están latentes y que saltan magnéticamente cuando estoy en ciertos lugares, inmerso en ciertas culturas. Como si me recordasen, como si las recordara. Por eso estoy haciendo este viaje: Para verme reflejado en un lago ruso, en la taza de un té japonés o en la mirada de un monje birmano y reconocerlo con todo mi ser, reconocer todo mi ser.
El viaje comienza a ser más hacia el interior que hacia el exterior. Hoy, viajo a sabiendas de que, "Quien viaja va por el mundo en busca de lo que necesita y vuelve al hogar para encontrarlo".  

9 ene 2013

Identidad idealizada

Nuestra idealización de Nepal no tenía base alguna, lo sabemos, simplemente pensamos que se trataría de un pueblo parecido al Tibet, de religión budista, con gran carisma, sencillez y respeto hacia la naturaleza, los animales y las personas. Un pueblo con raíces montañeras.

 

Sin embargo, y quizá por lo poco que nos movimos por el país, nuestra experiencia nos hizo plantearnos el origen y la historia nepalí. Nos encontramos en medio de una Kathmandú sucia y caótica con ganas, ¡y es el punto neurálgico del país!, rodeados de hinduistas y con el tema económico bien a la orden del día, una enorme cantidad de comercio dedicada al extranjero vendiendo cosas que asociamos a Nepal pero que sin embargo poco tienen que ver con ellos, ya que en cuanto a la ropa, la mayoría se visten con ropa india, y respecto a los banderines, cuencos y demás útiles budistas, los hindis no les dan uso alguno. Una de las cosas que más nos dolió (y que dolería a lo largo de la “etapa oscura” de Nepal e India) fue ver semejante montón de basura tirada por todos los lugares, ríos nauseabundamente contaminados y un trato nefasto para los animales, incluidos los perros y vacas “sagradas” callejeras, en los ojos de los cuales podías ver un miedo turbador al humano.
 
 
¿Cómo puede ser que estando en un enclave tan impresionante, rodeado de tanta naturaleza, ¡tan pura!, con muchísima biodiversidad (gracias a su enorme amplitud de altitudes); pueda haber ríos llenos de mierda (¡en tan poco recorrido!) y aire tan insalubremente contaminado?


No podemos decir que conozcamos Nepal, pero ahora, al menos sabemos que el Nepal que “conocíamos” no existe.


23 dic 2012

Madre Tierra

Una mágica tarde la dedicamos a viajar a través de la información que un museo tokiota había recopilado sobre nuestro planeta. Un viaje diferente que comprendía un sentimiento humano  y una visión científica de la evolución en la que nuestra Tierra se ha ido moviendo. Esta vez, el viaje se trataba más de escuchar, sentir, y reflexionar que de otra cosa, y que, nuevamente en este rico país, nos dio un plato muy contundente.
 

Ni siquiera se puede calcular en millones de años. Por más que se empeñen en buscarle una fecha de nacimiento, la Tierra lleva existiendo, creando vida y dando cobijo a todos los seres vivos que la han habitado y habitan, simplemente una eternidad. Reequilibrándose y adaptándose a cada nuevo cambio, ¡y es que la vida es puro cambio! Contrayéndose y expandiéndose en cada inhalación y exhalación, en cada bombeo de su corazón. Un planeta que está lleno de vida y en el que todos nosotros estamos llenos de vida, un planeta vivo lleno de seres vivos. Se entrega, nos regala lugares de increíble belleza con su sobrecogedora naturaleza. Nos acompaña en nuestro despertar cada día y nos arropa cada atardecer. Por más que nos creamos sus dueños ella es libre aunque sea nuestro hogar, y sea nuestro bien más preciado.
 
Pero no sabemos cuidarla. La ponemos cadenas, la explotamos, la contaminamos, la maltratamos… pensamos que es de nuestra propiedad, que es nuestro derecho hacer con ella lo que nos venga en gana. Sin ser conscientes de que cómo la cuidamos a ella es cómo nos cuidamos a nosotros mismos y cómo cuidamos su futuro es cómo cuidamos el porvenir de nuestras siguientes generaciones. Tierra y nosotros somos uno, todo lo que está en esta gran gota de agua está inseparablemente unido… pero parece que no lo acabamos de ver claro.
El agujero en la capa de ozono avanza haciendo que su manto de protección natural desaparezca y dejando entrar los rayos de sol cancerígenos. Un daño que ella sufre y nosotros también, por más que creemos antinaturales cremas protectoras solares o lo que haga falta para solventar los efectos de este y otros problemas. Los efectos, que no las causas.
 
Seguimos fabricando unas cantidades enormes de monóxido de carbono que corren libremente por todo el planeta, para darnos el lujazo de tener tantos transportes como deseemos y que contaminan nuestro aire, un aire (al igual que el agua) que corre libremente por todo el planeta, que de paso podemos decir que es nuestra alimentación pulmonar y celular.
 
Producimos más de lo que necesitamos (muchísimo más), manteniéndonos ocupados todo el día, sin tiempo para disfrutar, ni dedicárnoslo, y todo para generar semejante cantidad de basura que puede acabar transformando nuestro planeta en un grandísimo contenedor de desechos inorgánicos e “imbiodegradables”, en una gigantesca masa gris, grotesca y nauseabunda.

Seguimos talando árboles, desalojando seres vivos de su hogar. Rompiendo el equilibrio entre Co2 y Oxigeno, porque pese a haber programas de reforestación, no nos engañemos, éstos no llegan a los niveles de la desforestación que está sufriendo la Tierra y animales, basta observar la “Francia” que ha desaparecido del Amazonas.
 
Como unas de las múltiples desastrosas consecuencias, la biodiversidad está muriendo poco a poco, pero de forma definitiva, y un ancestral equilibrio sufriendo cambios a una velocidad antinatural.
 
¿Qué será de la tierra si las cosas continúan como hasta ahora? ¿Qué necesitamos para que nuestra conciencia cambie? Parece mentira que aún hoy en día, todos los estudios, todas las teorías, todos los avances y todas las alarmas se hagan mudas a nuestros oídos y que nuestros ojos miren en dirección opuesta. No hay mayor ciego que el que no quiere ver. No hay mayor sordo que quién no quiere oír. No hay mayor inepto que el que no quiere saber.  
¿Qué será de la tierra si las cosas continúan como hasta ahora? ¿Qué necesitamos para que nuestra conciencia cambie? Parece mentira que aún hoy en día, todos los estudios, todas las teorías, todos los avances y todas las alarmas se hagan mudas a nuestros oídos y que nuestros ojos miren en dirección opuesta. No hay mayor ciego que el que no quiere ver. No hay mayor sordo que quién no quiere oír. No hay mayor inepto que el que no quiere saber.  
 
Ojalá seamos capaces de ver lo que estamos haciendo, porque estamos enfermando a nuestro planeta de una forma muy sucia, miserable. Y con ello, nos estamos enfermando a nosotros mismos. Está en nuestras manos ser un ejemplo y enseñar la importancia del cuidado y respeto por los seres vivos y por la naturaleza, por nuestro planeta. A no verlo como algo ajeno a nosotros, sino como parte de “nuestro mundo”, y a amarlo.
Todos conformamos en "Adn de la vida"

No hablamos de volver a la edad antigua, sino de concienciarnos y utilizar nuestros recursos (habiéndolos hoy día más que eficientes) con cabeza, crear otros nuevos aún más eficientes y ecológicos y adaptarnos o reengancharnos a nuestro equilibrio con y para el planeta.
La Tierra...


Las ciudades, los pueblos, aquellos lugares que habitamos...



 
Los animales...

 

 

 Los rios...
 

Todos somos uno.