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8 feb 2013

Different, different... but, ¿same?


Birmania. Esa tierra tan bella, con esas personas tan sonrientes… y esto, con todo lo que hubo y hay detrás… Increíble. Que bajo un yugo tan opresor hayan prevalecido semejantes sonrisas… ¡qué grandeza!

Sin embargo, a la par que el país va abriéndose al mundo, el mundo, y más concretamente su apresurado y ambicioso ritmo económico también va transformando esa parte de sí. No es esto algo que hayamos podido ver en nuestra corta estancia, no, esto es lo que nos han transmitido todas aquellas personas que visitaban el lugar una vez más y lo diferente que nos la hemos encontrado comparandola con relatos de aquellas que lo hicieron años atrás. La economía está en alza, ¿pero a qué precio?

Algo que nos sorprendió, y mucho, está conectado a uno de los rasgos más característicos de Birmania: el Budismo. Comenzamos viendo pequeños monasterios, con sus humildes y singulares estupas y pagodas, pero la cosa se fue poniendo más ostentosa a medida que avanzábamos por el país. Y no nos referimos a la antigua Bagan, que sin embargo también nos llevó a preguntarnos la razón de que erigiesen semejante ingente cantidad de lugares de culto…

O llenar los altares de dinero y comida, esto, ofrendas. Además, de encontrarnos con lo arcaico que parece unir a todas las religiones:la aceptación de la mujer... hasta cierto punto.


No, nos referimos a las de construcción más moderna, con idénticas normas, y en cuya obra se ha invertido muchísimo dinero. Nos chocó bastante, pues no relacionábamos el Budismo con ese afán por hacer miles de estupas, a poder ser cada vez más altas, luminosas y doradas, sino con la sencillez de un pequeño lugar en paz para meditar.
 
Si algo estamos aprendiento en este viaje, es que ¡no sabíamos nada!
Muchas ideas sí, pero realemente no sabíamos nada.
Y... seguimos sin entender nada.
 

Burma-Thu ang e Chin!

Birmania nos regaló muchos encuentros, cargados de muchas conversaciones muy interesantes, con muchos viajeros.


En el trekking que hicimos conocimos a una pareja francesa, otra más, y es que estos franceses se deben de mover un montón ¡pues ya son unos cuaaantos los que llevamos conociendo! Ellos eran Cecilie y Gabriel, una psicóloga y un supervisor de la calidad de los trabajadores, que nos contaron cosas tan curiosas como que existe un hospital especial en París para los turistas (especialmente nipones) que se llevan tal chasco con la ciudad ¡que se les cruza algún cable! Igualmente, que debe haber mucha gente que cae en depresiones tras visitar India (esto ya lo habíamos oído), y cómo, en Francia se está dando un incremento enorme de los suicidios debido a la falta de trabajo y sus malas condiciones… ¡vamos, todo buenas noticias!

También conocimos allí a Yvone y Anette, dos mujeres con un espíritu muy jovial. Tras el día de trek, mientras cenábamos, charlamos sobre la forma de viajar y la búsqueda que, de una forma u otra, hay en esos viajes. La conversación derivó en que con la globalización los países se van asemejando tanto que algún día, incluso los más “exóticos” pasarán a ser tan “normales” como cualquier otro, y entonces el nuevo viaje se realizará para reconocer nuestro hogar.
Tema que trataríamos más adelante con Fujii-san, último miembro del grupo, en la vuelta a Kalaw, y es que a veces, deseamos visitar y conocer más lo que hay fuera de nuestro país que lo que tenemos a nuestro alrededor más cercano. Él ya había visitado Birmania tiempo atrás, 9 años exactamente y, para bien y/o para mal, nos contó que notaba el país muy cambiado. Este amabilísimo japonés más adelante nos daría la grandísima alegría de hacernos saber que nuestro paquete japonés enviado más de dos meses atrás no se había perdido por el camino como temíamos, sino que, celoso de nuestro viaje, decidió darse una pequeña gran vuelta por el mundo antes de llegar a puerto.

 
Antes de irnos de Kalaw, Mikel tuvo un ratito para conocer a Sohen, un joven iraní que vivía desde hacía muchos años en Canadá y que además de ser muy buena gente manejaba de fábula el Ukulele, pasando así un delicioso rato al ritmo de ¡Banana pancakes!

En Bagan conocimos a una pareja de franceses, ¡oootra! Con quienes compartimos amanecer, desayuno y una buena charla compartiendo info sobre varios países.
Cosas de “viajeros” y de la causalidad, que coincidimos en el mismo autobús que iba a Mandalay con Charlene y Windom, otra pareja francesa con los que ya habíamos coincidido en otro autobús… ¡el de Ulan Ude a Ulan Bator!, cruzando la frontera de Rusia y Mongolia. Compartimos mesa para la comida y taxi para la ida de la “estación de bus” hasta el centro de Mandalay, así nos pusimos al día de nuestros itinerarios después de Mongolia. Ellos visitaron China, Laos, Vietnam y Camboya. Compartimos información y nos dijeron que a ellos en Birmania, al hacer el cambio de moneda en el mercado negro les estafaron... y ya son ganas, ¿no? ¡Porque si hacemos el cambio con la gente local es para echarles un cable y que el gobierno no se lleve nada!
Con Ezequiel y Liesje, ya habíamos coincidido anteriormente, en el guesthouse de Bagan, pero hasta que nos encontramos en Mandalay no habíamos hecho más que saludarnos. Él es argentino y ella, pese a ser Belga, habla perfectamente el idioma, pues lleva en Argentina una buena temporaica. Ellos nos contaron sus experiencias de otros viajes, como cuando fueron a África, muy muy interesante. Además, nos pusieron al día de la situación en Argentina, y es que las cosas allí tampoco están para echar cohetes.

También conocimos a tres españoles que se alojaban en nuestro mismo guesthouse de Mandalay. Y no nos cansaremos de decirlo: ¡es un gustazo hablar castellano! Nacho y Lidia, son una pareja Valenciana que trabajan la temporada de verano en Mallorca y que disfrutan del medio año restante de vacaciones, al fin y al cabo, decían, se gastaban lo mismo de alquileres que viajando por el sudeste asiático, asique bien que lo disfrutaban, ¡a cuerpo de rey! Una manera muy peculiar de vivir y viajar a la vez. Se conocían al dedillo muchas zonas del sudeste y nos recomendaron varios lugares para visitar. Incluso nos dieron consejillos sobre el tema del submarinismo en esta zona, y es que según nos contaron, el agua está cada vez más caliente y el nivel va subiendo y subiendo, haciendo que mueran ciertas zonas que antes tenían mucha riqueza de vida marina.
A ellos se les unió Julio, de Tarragona, que se había quedado en paro y que al no encontrar trabajo en ningún lugar decidió coger sus ahorros y alejarse de aquella situación, tratar de buscar más oxígeno. Se le veía bastante preocupado y sin saber qué hacer a su regreso, pero mientras se estaba dando una oportunidad a sí mismo, o así lo entendimos nosotros al menos. Dos estilos de vida muy diferentes pero con un punto en común: viajar, descubrir nuevos horizontes.

7 feb 2013

Entrada y salida por Yangón

Esta segunda visita a Yangón, además de más económica, fue bastante tranquilota. No visitamos muchas zonas de la ciudad, ya que con movernos tranquilamente por el barrio nos bastó. A excepción de su mayor atractivo turístico, la Swedagon Paya, una pagoda enorme, ya habíamos hecho un repaso de la city, así que, y teniendo en cuenta que la entrada a ésta costaba 5 dolares per capita... y es que si la hubiéramos visitado nada más llegar al país seguramente la hubiesemos gozado, pero a esas alturas ya nos habíamos comido una buena dosis de pagodas, asique decidimos no entrar y hacer, pues eso, un poco de ná hasta coger el avión.
 


India nos dejó muy cansados, y Birmania, a su manera, también tuvo un punto de estrés al encontrarnos tanta dificultad para reservar alojamiento con el turismo que se movía. Nos tomamos tan relajadamente Yangón que incluso volvimos a ir al cine. Esta vez, nos reservamos la peli que vimos, pero lo curioso fue, que, además de poner el aire acondicionado tan fuerte que todos los presentes tiritabamos, nada más comenzar la peli, un banderoncio ocupó la pantalla junto a las palabras: “Ponte en pie y haz honor a la bandera de tu país” -¡Eeeh! No habíamos acabado de frotarnos los ojos, cuando algunos de los asistentes se levantaron, mientras que otros miraban a ver que hacía la peña y otros, como nosotros, observábamos el espectáculo.

Una ciudad mucho más atractiva y tranquila de lo que esperabamos, con una vida local nocturna increible y unos amaneceres, perdidos entre los barrios antiguos, llenos de olores únicos. Guardamos bellos momentos de la ciudad que, creíamos, era la capital, pero que no es! jajajajajaajja

6 feb 2013

Mandalay y sus alrededores


Dicen que Mandalay no es bonita, y para nosotros, es cierto. Como gran urbe que es y mamando un poco de sus aquí más cercanos vecinos, China e India, cuenta con bastante contaminación y porquería. Pero aunque no está muy llevada, es muy interesante ver el mejunje de etnias y religiones que en ella se dan, ver en la misma calle chinos, birmanos e indios entrando a una catedral cristiana, una sinagoga, una mezquita o una estupa juntos, y revueltos, es, cuan menos, curioso.

Pasamos un par de días en ella, nos alquilamos otras unas bicis y nos dimos un garbeo por la ciudad. Fuimos a su famosa colina, donde mucho subir… ¡para no ver nada!, bueno, niebla, árboles llenos de bolsas de plástico tapando las pocas vistas y eso sí, un super buda fiestero lleno de luces de neón.
 

 
Paseamos por los mercados, incluido el de Jade (que a día de hoy seguimos sin saber el porqué de su nombre), visitamos el distrito de los monjes, donde nos colamos en un monasterio-resort que habitaban cientos de monjes y que nos dejó alucinados, y donde en una pagoda cercana entablamos conversación con un grupo de monjitos que estaban estudiando inglés, y claro, ahí que se metió Amaia, a darles una clase magistral, ;). Nos acercamos al bar de los famosos “Moustache brothers” unos comediantes que fueron arrestados y sometidos a trabajos forzados debido a sus actuaciones, en las que parodiaban la situación política del país en la época en que la junta militar estaba en el poder. Tampoco tenían muchas ganas de hablar de temitas, decían que ahora la situación era muy buena y que todos eran amigos… ah, y que fuésemos a la noche a ver su show, claro.



Mandalay es un campamento base para visitar sus alrededores, cargados de belleza e historia. En modo express, en tan sólo un día se pueden visitar todos ellos. Y eso es lo que hicimos nosotros: contratar un conductor junto a una pareja argentina. También se puede alquilar bicis o motos (que es lo que estuvimos tanteando), pero hay ciertas zonas que pillan bastante lejos y que, seguro, serían motivo de un buen Rodeo clown ye yeee! Sumándole una buena de gasolina a la factura, y no es este país para gastar mucha gasofa, que está cara, a pesar de que tantísimos vehículos echando humo parezcan decir lo contrario.

 
Visitamos los cuatro lugares principales. Comenzamos con Mingún, un pueblecito conocido por tener la pagoda más grande de Birmania… ¡sin acabar! Y es que no llegó a ser completamente construida porque un terremoto la quebró. Resultó impresionante plantarse en su base e imaginar los restantes dos tercios que querían haber adosado a su maltrecha base… ¡vaya locuron!


Aquí también contemplamos una de nuestras imágenes preferidas y que tenemos muy asociada a Birmania, la gran pagoda blanca, envuelta en sus sinuosas serpientes.

Sagaing, es otro pueblecito que se encuentra al otro lado del río Ayeryawady, y en el que subimos a una elevada colina (nos habíamos quedado con ganas de más en Mandaly hill) para contemplar una cantidad sobrecogedora de pagodas y estupas que decoraban toda la región. Aquí, un amable estudiante de arquitectura local nos explicó la diferencia entre pagoda y estupa. Básicamente, en la pagoda no se puede entrar al interior, en la estupa, sí. Vale, ¡gracias! Pero una pregunta: ¿Para que tantas?



En la isla de Inwa, o Ava para los británicos que anduvieron liándola por aquí, donde disfrutamos tan gustosamente de la comida y charla con Ezequiel y Liesje, la pareja con la que hicimos este recorrido express, ¡que se nos fue la hora y apenas pudimos ver nada! jajajajaja Inwa fue una de las antiguas capitales de Birmania, en sucesivas ocasiones. Nos pseudo-colamos en este recinto de modo que ahí anduvimos, esquivando a los insistentes conductores de carrozas y a los vigilantes de los tiquet-tasas para el gobierno jajajajjajaja


El plato fuerte lo dejamos para el final, donde el atardecer se hizo, si cabe, algo más mágico de lo normal viéndolo a través del puente más lago del mundo construido en madera, el puente U Bein, en Amarapura.
 
 

Nos fuimos caminando hasta la otra orilla por el puente, allí nos esperaba nuestro capitán y su barquita para traernos de vuelta (pactado previo al paseo) y disfrutar de los últimos rayos de sol sobre el agua.


 

Un momento precioso, lleno de belleza. Que también estaba repleto de gente, y de algún que otro cazaviajeros, pero aun así, ¿cómo se podría estropear aquel momento? Imposibol.


5 feb 2013

Vagando por Bagan


Eran las 3 de la mañana cuando llegamos a algún lugar de Bagan, tras un trayecto horrible cruzando los puertos que sin dudad separan el infierno de la tierra. Pensábamos que llegaríamos más tarde asique tras un paseo nocturno nos plantamos en el albergue, sin reserva para esa noche, y claro, estaba petado. Dio la casualidad que dos chicas inglesas llegaron sobre la misma hora y en nuestra misma situación. Hubo “suerte” y los dueños nos ofrecieron una habitación triple que pudimos compartir para descansar.


Ya como nuevos, y tras un desayuno que nos haría perdonar al staff su jugada (banana pancakes, papaya y aguacate por un tubo!!), dedicamos lo que restaba de día a organizarnos, ¡para un mes! Estábamos un poco cansados de andar buscando alojamientos día sí día también, asique preparamos una “hipótesis temporal” para andar más desahogados con el tema alojamiento.
 
 
 
Nuestro albergue se encontraba en la zona de Nyaung U, a unos cinco kilómetros de la mayoría de los templos y es que con la bici no tardaríamos mucho en llegar hasta ellos. Con muchas ganas volvimos a la carga con nuestro ¡“biciturismo”! Aunque esta vez fue entre arenas movedizas y tuvimos que sudar la camiseta.
 


Bagán debió de ser la capital de Birmania durante años, y los templos estaban dedicados al culto de la religión fuertemente predominante, el budismo, de forma abrumadora.


Y es que menudo locurón! Había templos aquí y allí, en todas partes. Más de 1200 templos han sobrevivido a bombardeos y el paso del tiempo, y junto a las reconstruidos, suman más de 2.000, pero es que debió de haber ¡¡más de 4.000 templos!! Algunos más grandes otros más pequeños, más elaborados o menos, unos eran pagodas otros estupas, pero en todos y cada uno de ellos podías encontrar al menos un buda jajajajaa



Si madrugas o trasnochas puedes adentrarte en zonas que están como perdidas en el tiempo y el espacio, como esperando a que Indiana Jones o Lara Croft aparezcan por allí para descubrir alguno de sus secretos.
 
 
 
Al pensar en el budismo tampoco nos hacíamos a la idea de que hubiese lugares así, con semejante “ofrendas” a su movimiento. Esto nos sorprendió, y mucho.



Es un lugar para dejarse estar, para admirar en conjunto tanto como templo a templo… ¿Qué podríamos decir de Bagan? Sobran as palabras… ¿O faltan?
 

 
Aun así, y siendo esta área tan sagrada, el recinto tampoco se libraba de esa infinidad de tiendas que se dedican a vender los mismos souvenirs ni de los “cazaviajeros”, siempre al acecho. Pero es “lógico”, la de gente que visita estas tierras durante todo el año debe de ser enorme.
 
 
 

Nos hicieron pagar una tasa por estar en el complejo durante una semana (no hay de menor duración), y como tan sólo estuvimos 4 días, decidimos regalar los pases al irnos (¡todo sea por que el gobiernos no se lleve más dinero!), pero casi todo el mundo lo tenía ya comprado y el que no lo tenía no se acababa de fiar de que fuese legal o no quisiésemos dinero… Menos mal que justo antes de montar en el autobús nos encontramos con un austriaco que los cogió con gusto y con el que, en muy poco tiempo, nos pudimos enrollar bastante gracias a que dominaba el castellano.
 
Bagan es un lugar muy difícil de describir y fotografiar haciéndole honor...
Increible.