22 nov 2012

Oportunidades

12/10/2012

Este viaje está siendo muy importante para mi y me está ayudando a abrir mucho mi cabecita cuadrada. Estamos conociendo a mucha gente. Cada uno es diferente y nos está aportando ideas y racionamientos nuevos. Cada uno de ellos tenía su vida establecida y sus dificultades y facilidades para ella, pero todos tenemos un punto en común: la fuerza que nos ha empujado a viajar por el mundo. Tal vez para dar un giro a nuestra forma de vivir o pensar y establecer una cordura dentro de nuestra locura, o tal vez simplemente por gusto. Unos viajan solos, otros en pareja, otros en grupo, y otros se van uniendo en el camino para compartir parte de sus vivencias juntos. Unos por un tiempo vacacional, otros tienen un tiempo definido y otros indefinido.
 
Nuestra vida de viajeros esta siendo un constante desarrollo y aprendizaje, no sólo a nivel personal de saber moverse o a nivel de comunicación, sino la riqueza de la gente que se va uniendo en el. Para mí, lo que hace especial esto, y todo, son las personas. La capacidad que tenemos para confiar y ayudarnos mutuamente, y la energía que se forma en ello. Los lugares a visitar ayudan también, claro!
  
 
Aquí, estamos conociendo gente muy "loca", pero por más locura que resulte cada historia o cada viaje, es la vida de cada uno de ellos. El que acaben realizándolo o el creer que tenemos razón y que nuestra idea es mejor, es una tontería enorme. Para cada uno, su elección es la mejor porque la elige él, y aunque todos vayamos al mismo lugar, cada uno elige formas diferentes, pueden tardar más o menos, gastarse más o menos, ver más cosas o menos, pero cada uno hace el camino que quiere y que necesita hacer. Es como en la educación, pretender que todos tengamos el mismo ritmo y nivel de estudio es absurdo, porque cada uno aprende de forma diferente y le motivan cosas diferentes, asique tenemos asignaturas diferente que se nos dan mejor y peor, pero ello no significa que seamos mejores ni peores.
 

La familia en la que nacemos marca en buena medida la forma de ver la vida y de desenvolvernos. Ella nos aporta su visión y es nuestra referencia. El hecho de ser de una religión u otra, de tener una cultura y costumbres u otras,… y todo ello está muy bien, porque necesitamos ese referente para aprender y no sentirnos perdidos, necesitamos esa protección y cuidado que nos brinda, pero una vez que alzamos el vuelo, está en nuestra mano seguir creciendo, seguir aprendiendo y evolucionar, creándonos a nosotros mismos y creando nuestra propia visión.

En muchos casos he oído la frase de que hay que ganarse la vida, hay que mantenerse en una quietud que te permita estar en perpetua tranquilidad donde todo este bajo control. Pero que ocurre cuando no nos sentimos afines a esto? ¿qué ocurre si no hay esa seguridad ni ese control? Bajo mi punto de vista, la vida la tenemos ganada desde que nacemos, el amor incondicional también, y el ser felices es nuestro legítimo derecho. Durante años y años, nuestros antepasados ya nos dejaron el legado de que somos capaces de adaptarnos a las nuevas situaciones, sólo necesitamos la alianza de la confianza.

Este viaje, de momento, me está enseñando que el tiempo y las circunstancias no existen, sino que las creamos nosotros por más duro que nos resulte asumirlo. Toda atadura que impida hacer una cosa u otra es fruto de nuestros miedos a diferentes cosas. Somos más participadores de lo que creemos y la suerte, facilidades o desdichas, no es fruto del azar. Creo que somos nosotros los que nos ponemos las trabas y acrecentamos nuestras dificultades porque creemos que no somos capaces, pero eah! Ahí está el quid de la cuestión, no hay obstáculo que tengamos que no podamos superar, y si creemos que lo hay, creo que hay que dejarlo pasar. Como dicen los Beathes: let it be! A veces no se gana más por empecinarnos, sino que ganamos cuando perdemos algo o lo dejamos ir. Todo enseña, lo que ganamos y lo que perdemos, porque hay cosas que nos sobran.

Nunca y siempre es el momento perfecto para hacer lo que deseamos hacer, sólo hay que saber qué es lo que se quiere e ir a por ello. Creernos capaces de hacer cualquier cosa, por más locura que resulte o por más pájaros que parezca que tenemos en la cabeza, hace que nos sintamos vivos! Dejad que vuelen alto, porque sólo nosotros sabemos hasta dónde poden llegar. El miedo y las inseguridades parecen más fuertes que la voluntad, nos bloquean y entorpecen nuestras capacidades y encima nos autosabotean en nuestros qué haceres.

Ojalá podáis entender lo que digo, aunque me explique un poco enrevesadamente, y encontremos la forma para deshacernos de ello, como yo estoy empecinándome en hacer en este viaje. Me está dando la oportunidad de aprender mucho y deseo preservarlo para la vuelta. Creo que es positivo un tiempo de reflexión, y este viaje me lo está dando. Eso y toda la gente que nos estamos encontrando, ni os imagináis la de gente que hay dando la vuelta al mundo, de todas las edades y por diferentes razones… es increíble y es mágico.
 
Lo más bonito que tiene esta tierra son los seres vivos, sólo está en nuestra mano qué tipo de relaciones queremos tener entre nosotros. Siempre hay alguien que te ayuda, que te sonríe, que te mira, que te escribe… siempre hay alguien para nosotros y es que el viajero nunca viaja sólo.


Muchas veces me encuentro escribiendo cartas a las personas de he dejado atrás, cartas que nunca llego a escribirse, catas que nunca llego a mandar. Pero son momentos muy especiales en los que por unos segundos esas personas están conmigo compartiendo nuestro camino. Las tengo muy presentes siempre y las quiero un montón.

21 nov 2012

Guerreando en Xi´An

Xi´An nos defraudó un poco, bueno, para qué engañarnos, nos llevamos un buen chasco. Tal vez nos esperábamos una ciudad un poco más tradicional por la imagen que los guerreros de terracota nos habían formado en la mente, no lo sabemos, pero teníamos una idea bastante diferente de lo que aquí nos esperaba.
Fuera de lugar
 La ciudad en sí no tenía mucho para ver, y la zona céntrica, el corazón de la ciudad, con su enorme muralla custodiándola, estaba repleta de centros comerciales. Más que estar en el centro, te sentías dentro de un infinito centro comercial. Abarrotado de tiendas. No hemos visto algo igual hasta la fecha. En su núcleo, estaba la torre de la campana, en medio de una grandísima rotonda de tráfico, con lo que para entrar tenías que acceder vía subterránea.
 

Tras instalarnos y juntarnos de nuevo con Mehdi en un albergue precioso y con un genial equipo a su cargo, fuimos a visitar una de las zonas más populares: el barrio musulmán, sí, musulmán, ya que al ser esta ciudad un punto clave de la ruta de la seda, un creciente número de mulumanes se habían instalado aquí. A lo largo del tiempo habían ido trayendo pedacitos de su cultura hasta esta ciudad. Su cocina, sus ropas, su religión… donde vimos un templo que habían trasformado en mezquita. Allí, en la gran mezquita templo, nos encontramos a unos chinos practicantes de esta religión practicando caligrafía sobre el suelo con agua y pincel. Donde Mikel aprovechó a repasar y a recibir unas clases particulares.  También “disfrutamos” de los colores y sabores de su bazar.
 

 
Ya por la tarde, y aprovechando todos aquellos centros comerciales fuimos en busca de una mochila nueva para Mikel, ya que la de el no era tan buena como aparentaba ser y ya se tenía partes rotas. Fue una odisea encontrar la mochila… ya habíamos pasado horas y horas regateando en Pekin y ahora aquí, pero la casa de un caracolito bien merece su buena elección, vaya peor que el dicho de que las mujeres somos muy complicadas para las compras!
Lo mejor fue verle comprarse la mochila más fea del mercado, y sin ser ¡VERDE! Jajajajaj. Pero él sabía que era la mejor, asique es lo que tocaba. Para más inri, y tener una buena relación le puso un nombre:¡¡¡ Narutina!!!
 
 
El último día lo dedicamos a ver Los Guerreros de Terracota, que se encuentra a las afueras de la ciudad. Dejamos las mochilas en la estación ya que a la vuelta partiríamos a Guillin.
Habíamos leído y oído que para ver el complejo, era mejor empezar por el final. Primero el museo, dónde explica la historia y puedes situarte en el tiempo, despúes la 3 pit o sala, que es donde menos guerreros hay escavados, luego la 2ª y por último la 1ª.



Esta última es el mayor pabellón de todos y es donde se encuentran más cantidad de guerreros y mejor conservados. Nada más entrar te encuentras a todos ellos de frente, pero no pudimos disfrutar del todo de aquel momento ya que  los guardas nos apremiaron y nos obligaron a continuar el recorrido para evitar aglomeraciones. A lo que les respondimos un internacional: “Ala majos!, que hemos pagado. Déjanos tranquilos” Pero se pusieron más   pesados y tras sacar varias fotos nos fuimos de mala gana y con cierto cabreo. Después vimos que era para unos VIPs, altocargos militares, que disfrutaron de sacar fotos todo el tiempo que quisieron y desde una zona más baja de la que dejaban acceder al pueblo llano.



Puede que tuviéramos una idealización de los Guerreros, ya que las imágenes que tenemos en mente no concuerdan con la realidad. Toda la gente con la que hemos topado han coincidido con esta opinión.
¿Alguien se apunta a hacer este puzzle?
Tras la visita a los Guerreros nos aguardaba una tediosa y alargada espera en la estación de tren. Estabamos a punto de meternos en el taryecto de tren más largo que haríamos en China, y a pesar de haber hecho las reservas y habernos pelado con uñas y dientes por conseguir billetes en “hardsleeper” (con cama), no pudimos hacernos con otra cosa que, sí, unos “excelentes” Hardseat, o sea, muerteee.
 

El tren llegó a la estación y una vez en su interior pudimos pasar a conocer a nuestros vecinos, bueno, qué vecinos, unos más de la familia, ¡carne con carne, oye! Estabamos tratando de mentalizarnos de que nos esperaban 27 horas en esas condiciones: separados, con luz toda la noche, bien prieticos, congelados con un aire acondicionado bloqueado en 18º, tol barullo, los vendedores de plantillas de gel hipermegasaludables, espejitos mágicos, juguetes de niño para crezcan traumatizados, etc… cuando nos dimos cuenta de que no podíamos resignarnos. A esperanza es lo último que se pierde, eso, y que Mikel es un pesado y que el universo le debía un favor muy grande a Amaia por haber dejado su asiento a una pareja, para que ellos sí, pudiesen sentarse juntos.
Así que nos pusimos manos a la obra. Ya que ahí no íbamos a poder dormir nos decidimos a hacer la guerra hasta conseguir un lugar apto para dormir, aunque fuese un par de horas. Tratamos por todos los medios de revender nuestros billetes, comprar unos con cama. Nos entendían, vaya que sí, pero la jugada no era tan sencilla… No satisfechos con la respuesta de que era imposible nos decidimos a explorar los vagones con cama, a ver sí algo podíamos hacer. Y en esas, que, ea, el universo obró y nos dio, no dos camas, sino las camas en el mejor de los vagones: el de los propios trabajadores, y por tanto el más cuidado y silencioso.
El trayecto finalmente se alargó hasta las 30 horas. Nosotros no podíamos dejar de sonreír, sabíamos que habíamos sido muy afortunados. Lo que nos llevó a la conclusión de que ¡el que la sigue la consigue! Y menos maaaaal jajajjajajajaa

Aprendiendo a mirar

Eran pocas etiquetas ¡y parió la abuela!
 
 
Hemos pensado que es interesante que vayamos escribiendo nuestro pensamientos y sentimientos a lo largo del viaje. Porque hemos ido notando que muchas ideas han ido madurando o cambiando durante los últimos meses. También el país en el que estamos hace que reaccionemos y vivamos nuestra "vida traveler" de una forma u otra.
 
 
9/10/2012 
“Quien vive ve, pero quien viaja ve más”. Proverbio árabe.
                                      Se puede vivir la vida de un sinfín de formas.                                               Con más o menos experiencias la vida pasa, pero no igual.
A menudo nos hemos visto algo apenados preguntándonos cómo hemos podido dejar pasar tantas experiencias en nuestro día a día. Cenas con amigos que se posponen hasta el infinito, una escapada al monte con tu tío, comidas familiares, compartir unas cervezas o algo con gente que hace tiempo que no ves… Todas aquellas situaciones que creemos estarán ahí, esperándonos, hasta que decidamos llevarlas a cabo.
En el día a día fueron tantas las veces que tuvimos a la familia, los amigos, los lugares que queríamos visitar y las cosas que queríamos hacer tan cerca y tan lejos.
Quizá nos absorba tanto nuestros quehaceres y nos creamos tan ocupados que no nos damos cuenta de que las oportunidades y el tiempo corren, y quizá no vuelvan. Lo que sí nos damos cuenta, y en lo que parece que más gente coincide, es que parezaca ue los años pasasen más rápidamente. Aun así, seguimos insensibles a ello.
Este viaje nos está ayudando a ver esto con más claridad. A aprovechar, o procurarlo al menos, el momento que tenemos y que podemos compartir con nuestros amigos viajeros o con los lugares que estamos visitando porque, tal vez, no los volvamos a ver.
La paradoja es que viajando, la estabilidad de estar en el hogar, de conocer tu entorno y estar con los amigos o familia desaparece, por lo que resultaría más sencillo y cómodo hacerlo cuando se está en casa. Al vivir de esta forma e intentar aprovechar esas situaciones, todo pasa aún más rápido, pero deja un sabor, un color y no esa melancolía de ese “me gustaría” o “hubiera estado bien”.
Desde aquí, la sensación es de no saber cuáles son las prioridades, que las circunstancias externas, como ver la tele, el mal tiempo, el trabajo, la sensación de cansancio, la pereza… hace que restemos importancia y desvaloremos el momento presente y las personas que nos rodean. Como si fuésemos dueños del tiempo y estuviese en nuestra mano pararlo en el momento que nosotros decidamos, como si no nos quisiésemos quitar las vendas de los ojos, para no ver que la vida se pasa y los momentos también. Hay miles de trenes pasando, pero hay que decidirse a cogerlos, porque puede que llegue el día en el que nos demos cuenta de que llevábamos tiempo esperando un tren que, sin querer, dejamos marchar y que era el último.
 

20 nov 2012

Reencuentros en Pingyao

Nuestro primer tren en hard-seat lo hicimos rumbo a Pingyao. No es que nos quisiésemos despedir de nuestras queridas y cómodas literas en tren, es que no nos quedaron más narices. Pero bueno pensamos que una noche en asiento lo aguantaríamos. Un poco que reclinas el asiento, un poco que estiras las patas… bien, bien. Pero la realidad fue distinta. Fue un viaje de unas 14 horas nocturnas, rodeados de chinos (hasta en los pasillos, ya que se vendían billete hasta para ir de pie!) con pocas ganas de dormir y muchas de parlotear, con las luces del tren encendida a tope y unos incomodísimos y apretadísimos asientos donde poco podríamos estirar las patas y mucho menos dormir. Toda una experiencia, que nos llevó a tomar una decisión. ¡Tratar de no volver a coger uno nunca mais!
Patio interior de nuestro albergues.
Llegamos bien prontito por la mañana. Y la primera impresión, tal vez por noche pasada, no fue muy grata. No parecía habérsenos perdido nada allí, menos mal que habíamos pactado el pick-up gratuito hasta el albergue que estaba en la zona que queríamos visitar.
Tras hacer el check-in  nos dimos un garbeo por la city.  Mucha tienda igual, poco para ver, no muy buen tiempo…. Amaia decidió descansar todo el día, ya que aún más fastidiada de la garganta! Mikel por su parte, aprovechó y se fue a dar un route.

 
Lo que vio llamó mucho su atención. Pingyao, villa amurallada famosa por la conservación de su arquitectura y forma urbanística tradicional, era, en realidad, un parque temático. Un par de calles preciosas con unos patios interiores sacados de la más idílica antigua china, pero anegadas de tiendas con los mismos souvenirs una y otra vez. Toda la belleza del lugar se veía nublada por el mal uso que le daban. Costaba mucho meterse en el Pingyao que pintaban. Y lo que más le impactó fue que una vez fuera de estas dos calles principales, tan abarrotadas de comercios, pero sin salir de la muralla que envolvía el centro, no encontró nada. La inversión económica se había perdido en esas dos calles, el resto, aparecía, si no a medio derrumbar, sí medio sepultado por los basureros improvisados por los comerciantes y las pocas familias que allí vivían.



 
Fue toda una sorpresa encontrarnos con Medhi, uno de nuestros compis en el tour del Gobi, y con Armando y Nico, italiano y francés que conocimos en Mongolia también. Esa misma noche, y sin dejar correr la ocasión, quedamos para cenar y contarnos nuestras experiencias por las chinas.
 
Medhi había sufrido un atropello bicicletil en Beijing, por una chinas que iban con una bici-tándem que no controlaban. Y hablando de bicis, Armando y Nico se habían comprado una bici esa misma tarde ¿para dar unos paseos por la zona? No. ¿Para enviar a sus casas? No. ¡Para hacer el trayecto hasta Xi´an! Fácil… en torno a los 600 km... casi ná pal body! Pero se les veía ilusionadísimos con la idea! Y les dimos nuestros mejores ánimos, mascarillas contra la contaminación y bálsamo del tigre para su gran aventura.
 Estuvo genial volver a coincidir con ellos, y lejos de despedirnos, nos dijimos un ¡hasta luegoooor!, ya que volveríamos a coincidir, ¡estaba claro!

 
Pingyao fue un buen lugar para acumular info de cara al Tibet… pero lo que nos encontramos, si bien lo esperábamos, no nos gustó nada.  Por eso llevabamos posponiendo tanto tiempo la decisión de ir o no ir. Pero el tiempo ya apremiaba y había que decirdirse para reorganizar el itinerario en China. Finalmente y tras darle muchas vueltas decidimos no ir. ¿Por qué? Porque China lo tiene subyugado, si deseas hacerte con los permisos lo tienes que hacer a través de una agencia china, y los requisitos son bastante cansinos. Hay muchas leyendas acerca de conseguir la entrada, pero no tenemos ninguna fiable. A parte que cambian las normas muy a menudo. Otra de las razones es que tenemos entendido que Lhasa, la capi, la han convertido en un lugar bastante turístico y que estas obligado andar siempre con tu guía. A todo ello se le suma la prohibición de entrar a los templos budistas que e hayan manifestado en contra del gobierno chino, impidiéndoles a estos percibir la más mínima ayuda. Asique, por todas estas trabas y que resulta bastante cara, tanto económica como de tiempo, conseguir la entrada y que resultaría una contribución por nuestra parte a lo que está pasando en Tibet, esta fue nuestra decisión.
 
Con esta decisión cambió todo nuestro itinerario en China, no haríamos la doble entrada, asique sólo tendríamos ese mes de visado para estar en el país, y a eso le añadimos que el ferry que cogeríamos para Japón sólo salía los martes, los días de visado menguaron a 25. Asique reducimos nuestros lugares a visitar. ¡Tocaba apretar!

Adoskas por el mundo

Un gozatiempos que nos encanta es ir dejando huellas por el mundo. ¿Y cuál es nuestra firma? ¡Pues A2K, claroooo!
Prácticamente en cada sitio que hemos escrito A2K, ha sido por “casualidad”, porque ha surgido de forma natural en el propio lugar, como si nos estuviera esperando, como si los materiales gritasen por ser recolectados para unidos, formar esta palabra. O por que el enclave así nos los pedía. Es nuestra forma de dedicarle al mundo nuestra gratitud.

¿Y qué significa Adoska? A2K surgió como un grito de guerra, en plena rebeldía de la época adolescente de ambos. ¡¡Ancestrales Kaballeros Kombaten!! Una tropa de caballeros medievales dejaban sus diferentes caracteres inscritos en las paredes de la ciudad a modo de graffiti. Sí, así de friki. Lo que empezara como una guerra contra esta sociedad en la que no veían su lugar, se transformaría en otra cosa.  Aquella guerra fue necesaria para llegar a lo que hoy es un sentimiento profundo y simbólico.
Adoska, que en Euskera vendría a decir algo así como “de mutuo acuerdo”, que juega a la redundancia con su “a 2”, de los 2 para los 2, pasaría a ser un vínculo muy fuerte entre ambos, que guarda muchas historias detrás,  y también nos sugiere una actitud de aceptación activa, de vivir en armonía con lo que la vida nos da y lo que nosotros tenemos para aportarle.


Y en última instancia, y con lo que estamos aprendiendo y sintiendo, se está convirtiendo en un grito de paz: ¡¡Adoska munduan!! Estamos todos unidos bajo el mismo cielo… entendámonos.           

19 nov 2012

La gigantesca muralla china

Antes de seguir con la expedición china hay que hablar de la escapada que hicimos desde la capital hasta un tramo de la gran… no, de la gigantesca muralla china.
 
Los planes cambiaron. Las lluvias habían destrozado parte de la muralla en la zona de Simatai, nuestro objetivo, y justo entonces estaban en medio de las labores de reconstrucción. Una pena, ya que teníamos entendido que era una de las zonas más bonitas y mejor conservadas de la muralla, además de que, desde allí, tenías la posibilidad de hacer un hermoso trekking hasta Jinshanling, otro tramo de la muralla situado a unos 10km. ¡Nos habían pinchado tol rollo!
 
¡Pero hay mucha muralla para elegir! Teníamos claro que no queríamos ir a la zona más cercana a la ciudad, ya que además de ser uno de los tramos más restaurados (incluso a lo artificial, como les gusta), era el foco de turismo chino. Turismo con el que se sobran para hacer negocio, porque hay que ver cuánto chino había de turisteo… Total, que nos decantamos por otra zona: Mutianyu, que aparentemente era una zona poco turística y bien bonita.
Por el camino, en el bus, ya empezamos a atisbar sobre las montañas algo, pero -¡Madre de Dios!... es colosal y está a una altura muy…. Alta! Jajajajajaja
Llegamos a las faldas de la sierra y rápidamente nos enganchamos al funicular para ganar altura, para perder distancia con la muralla, para ganar visión, para perder… ¡el habla! ¡Sin palabras! El dedo no dejaba de estar pulsado sacando fotos, pero las fotos no le hacen justicia alguna al panorama que se habría a nuestros ojos! Una vez arriba a ¡DISFRUTAR!


 
Dimos un inolvidable paseo por la antigua muralla, cuyo inicio data del siglo V a.c… casi nada. La muralla había sido construida como protección ante los continuos ataques de las tribus nómadas de Mongolia y Manchuria al principio y del imperio de nuestro famoso Khan después. Pero menuda obra de chinos que hicieron. Todo cuestas arriba y abajo, siguiendo la arista natural de la sierra. No podíamos dejar de imaginar cómo se las habían tenido que ingeniar para construirla… Es que, de verdad, ¡vaya locura! Increíble.

 
Y parece que no, pero algo ya cansa. Mikel y Alex se fueron un poco más adelante, a encender una de las almenaras de alerta ante los enemigos, mientras Amaia y Claire se volvieron antes hacia un mirador, donde Claire aprovechó a dibujar y Amaia a reflexionar y contemplar esta indescriptible creación.

 
La bajada fue muy divertida, ya que tenían montado una especie de tobogán que llevaba directo a la entrada. ¡La gozamos como enanos!