14 nov 2012

¡Entramos en China!

Y salimos de la estación de tren de Ulaan-Bataar, ¡rumbo a la frontera china!
Haríamos noche en el tren, compartiendo hard-sleepers con nuestros gabachitos, siguiendo el itinerario marcado por el transmongoliano. Pero antes de finalizar la ruta del tren en Pekín, quisimos hacer una pequeña escala en un “pueblo”: Datong, ¡queríamos ver las grutas de Yungang!
¡Qué tiemble China, ya hemos llegado!

La llegada al “pueblo”, fue una odisea. Comenzaron a cumplirse las advertencias que nos habían dicho, pero como íbamos preparadísimos para la batalla, salió todo a pedir de boca. Cierto que los chinorris no tenían ni pajotera idea de inglés, cierto que se nos colaban todos hasta que nos pusimos firmes, cierto que las distancias son enormes y el trasporte lentísimo (íbamos a 60km/h en autovía!),… pero hubo gente muy amable que nos ayudaron en lo que pudieron y gracias también… a la terquedad de Mikel, que en esta ocasión nos vino muy bien (ya dijo a primera hora: “hoy va a ser un día largo, pero a la noche estaremos en Datong, cenando deliciosa comida china”) y así conseguimos hacernos con todos los billetes necesarios para llegar ese mismo día a Datong. ¿Que podíamos haber cogido el tren? Claaaro, pero hubiera sido más caro, y teniendo tiempo… si Mikel erraba siempre podíamos hacer noche en Jining, así que nos lanzamos.

1ª fase: Cruzar la frontera. Fácil y rápido. Gracias a un mongol que nos encontramos en el tren de Ulan-Bataar, y que no descansó hasta meternos en el autobús que nos llevase directos desde Zamyn Uud, Mongolia, hasta Erlian, China, colándonos de todos los Jeeps y librándonos de sus pesados conductores. Tras los rollos macabeos de los controles, y nada más salir del edificio fronteril, ya se podía apreciar la enorme diferencia entre la de un país y otro. La carretera (¡había carretera!), los parques y hasta la forma de gastar los yuan-monedines: había muchísimas esculturas de dinosaurios bordeando la carretera, haciendo una graciosa referencia a los hallazgos prehistóricos en esa región. Ahora en serio, costaba creer que tan sólo unos kms atrás, en Mongolia faltasen tantas cosas que aquí pudimos volver a ver… algunas las echábamos de menos, otras no tanto. Desde Erlian debería haber sido fácil llegar hasta Datong, si no hubiera sido porque ya no quedaban plazas para el bus directo ese día. Esto nos lleva a la siguiente fase.
Erlian-Jining. O el trayecto de bus más lentorro que nos hemos comido hasta la fecha. Además, al apenas haber tenido tiempo entre sacar pasta y meternos al bus (a la carrera que nos vimos), sólo teníamos la comida que llevábamos con nosotros. Pero bueno, racionamos muy bien los víveres y, entre éstos y la ilusión de la comida que nos esperaba, sobrevivimos.
Por último, tras nuestra llegada a este “pueblo”, bueno va, desciframos, “pueblo” en chino viene a significar “mega-ciudad con más habitantes que París”, obtendríamos nuestros últimos pasajes del día, Jining-Datong. Vaya un día de contrastes, más teniendo en cuenta que veníamos de Mongolia, donde ciudad es pueblo y el pueblo granja. Petado de chinos, allá donde mirases… y hablando de mirar… descaro no, lo siguiente, pero es que en estos “pueblos” no llega mucho guiri y nos tenían que mirar como las vacas al tren, ¡claaaroo! Jajajajaa Pero la sorpresa fue grande viendo la calidez con que nos recibían… bueno va, calidez, calidez, tal vez no, pero fueron bastante colabores con los billetes y la primera impresión sobre los chinorris fue muy buena.
 
Llegamos a Datong tras 27 horas de tren y buses, cansados, pero muy felices…
¡Una deliciosa cena nos esperaba!

12 nov 2012

Quinito mongol

He aquí uno de los grandes descubrimientos mongoles.
 
Este juego de dedos pasaría a ser muy útil desde que en nuestro primer día de tour, como ya contamos anteriormente, un par de "mongolian modern cowboys" nos lo mostrasen.
Es muy sencillo: Dedo pulgar vence al índice, índice a corazón, corazón a anular, anular a meñique y este, por último, vence al pulgar, cerrando el círculo. Como si de piedra, papel o tijera se tratase, sólo mostramos el dedo elegido para el duelo en el último instante.
 
Fácil y tonto, sí, pero divertido y muy útil. Cuántas veces nos habrá servido para decidir quién friega, hace la cama, elige el título de una entrada… o, ¡zanja quién tiene la mayoría de cartas bajo su mano durante una batalla córcega!

Sin duda, el quinito mongol ha marcado un antes y un despues en nuestras vidas... jajajjaja

Batalla córcega

Nosotros no somos mucho de juegos de cartas, pero ahí estuvieron Alex y Claire para enseñarnos este pedazo de juego.
 
Es un juego bien sencillo de aprender que crea adicción. No es uno de esos en los que tienes que aprender un buen número de reglas antes de saber qué estás haciendo, tampoco es uno de esos en los que tienes que darle mucho al coco en busca de la mejor estrategia, no. La batalla córcega, consiste en hacerse con toda la baraja de cartas venciendo así a todos los oponentes. Para ello es necesario estar atento y ser rápido, haciendo uso de los buenos reflejos.
¡Ojo avizor y espada en ristre!
La tensión comienza tras repartir las cartas uniformemente a todos los participantes, sin que nadie pueda ver ninguna carta. Van cayendo una a una sobre la mesa, pero hay que estar atento a ellas, ya que cuando aparece una carta tras otra que sea del mismo número se produce el “agresivo” enfrentamiento. Es ahí, donde aparece la verdadera batalla, breve, porque el objetivo es sólo ser la primera mano en cubrir las cartas, y contundente, porque sea como sea tienes que hacerte con la gran mayoría del espacio ocupado por el grupo de cartas para así poder llevártelas todas de golpe, literalmente. Aunque hay otra forma menos “sangrienta” para acabar por hacerte con toda la baraja, y es echando alguna figura (sota, caballo y rey) o as, ya que si el siguiente oponente no consigue corresponderlas en el diferente margen de intentos que cada una de estás da, te llevas todas las cartas de la mesa.
 
Cuando nos quedamos fuera del juego tras quedarnos sin ninguna carta, no es el fin de la partida para nosotros. ¡Se puede volver al ella! Aquí es donde te centras completamente en vencer si se produce la copia de cartas (si es preciso, ¡llegando a romper dedos!). Es por esto que el juego crea piques, es impredecible, explosivo y divertido!

Alex era rápido y certero, pero lo de Claire era inhumano, claro, sangre corcegana corre por sus venas. Nos costó vencerles pero conseguimos el aprobado para enseñar este juego más allá de las orillas de Córcega. Muchas batallas han tenido lugar desde entonces, de entre ellas debemos destacar una frente a unos piratas belgas que recién salían a la mar pero que se mostraron tan bravos como nosotros en una batalla sin cuartel, y tan extensa que hizo que el desenlace quedase sin zanjar.
"Otearemos el horizonte en busca de nuevas batallas y de antiguas cuentas por saldar"

11 nov 2012

Blogging

Antes de empezar con nuestro periplo por el país del dragón, China, taratatán... ¡inauguramos una nueva sección!
La etiquetaremos como “Gozatiempos”, y tratará sobre cómo aprovechamos los “ratos muertos” que tenemos en los desplazamientos y otras esperas, o sobre cosillas que hacemos para crear muy buenos ratos.
Algunas actividades vienen de serie con nosotros desde el principio del viaje, otras, las hemos ido descubriendo por el camino. Unas nos dan para unos segundos de diversión, otras para horas y horas. Empezamos con la más obvia, ¡claaaro! El Blog.
 
Anda que no nos está dando horas y horas… Creamos este blog con la intención y con la ilusión de narrar nuestras aventuras y desventuras a modo de diario, posibilitándonos recordar muchos momentos y sensaciones que sabíamos, íbamos a tener, viviendo esta aventura. Creando a su vez una ventana que posibilitase a nuestra familia, amistades y seguidores saber de nosotros y de los lugares y gentes que conoceríamos.
Puede parecer una tarea fácil (y posiblemente lo sea), pero para nosotros es una odisea en el espacio cibernaútico. Vamos con el proceso:
1-  El cruzaito… esto, no, va, ahora en serio. 1- Anotar los puntos a tratar (lo cual incluye desde lugares visitados hasta anecdotillas curiosas).
2-     Selección de las fotos a exponer. Este punto tiene a su vez varios puntos: Amaia hace su selección, Mikel la suya, las fusionan creando una carpeta llamada “Preseleción” que después se convertirá en el primer ring de lucha (¡porque hay que quitar fotos!) y tras un buen rato (o varios) la selección oficial queda zanjada.
3-     El texto. El punto más difícil. La batalla campal. Ambos tenemos, a menudo, cosas distintas a tratar, pero lo que es más conflictivo es la forma de contar las cosas. Rara vez queremos decir lo mismo y plasmarlo de igual manera (tiene gracia, ¡ahora lo estamos haciendo bien y todo! Jajajajjaaa) Unas veces uno de los dos está más inspirado, otras es el otro. Muchas veces nos divertidos pensando quién creeréis que escribe qué, porque a veces nos vemos escribiendo como escribiría el otro… ¿será por eso de que los que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición?
4-     Editar fotos, ordenarlas y subirlas al blog (Proceso relativamente fácil y pacífico).
 
5-     Subir el texto y dividirlo en base a las ideas que van surgiendo con las fotos. Este punto sería más fácil si Blogspot no nos hiciese de las suyas cambiándonos los tamaños de las letras, los márgenes que dejamos entre foto y texto y un sinfín de jugadas que nos vuelve locos y nos hace reeditar lo subido más de una vez.
 
Pese a este caos cibernético, es muy enriquecedor y emocionante ver nuestras entradas colgadas, y tener la posibilidad de crear nuestro espacio virtual. Nos encanta compartirlo y no nos hartamos de decir cuánta ilusión nos hace cuando recibimos algún comentario, ya que llevamos casi 4 meses de viaje y notamos la distancia que nos separa de vosotros.
Bueno, esporádicamente iremos haciendo más de estas pequeñas entradas para seguir con esta nueva sección, que tenemos material acumulado… ¡qué raro!


9 nov 2012

Mongol-Naizuud


Uno de los regalos más importantes que nos dio nuestra estancia en Mongolia fueron las personas que conocimos y con las que convivimos. Hasta ahora, no habíamos coincidido con tanta gente tan dada a ayudar y a dar lo mejor de sí, o tal vez fuese que sencillamente no habíamos estrechado tanto vínculo. Fue nuestra primera experiencia en la que realmente nos sentimos super acogidos y hermanados con todos  y cada uno de estos viajeros.  Intentaremos describirlos lo mejor que podamos, pero seguro que nos quedamos cortos.
 
Entre ellos destacamos a Louis, un guatemalteco neoyorquino muy dicharachero con el afán de viajar y descubrir el mundo. Es una persona increíble que da lo mejor de sí, y por consiguiente, inevitablemente, recibe lo mejor de las personas. Entre sus conocimientos lingüísticos y su facilidad para tratar con mano izquierda a cualquier tipo de persona, nos facilitó muchísimo nuestra comunicación con gentes de todo el mundo, aún con la gran barrera del idioma que con otras personas no habíamos podido salvar. Nos encantó que nos diera la posibilidad de tener nuestro huequecito en su mundo: resulta que viajaba con un enorme mapa lleno de frases de la gente que encontraba y con la que estrechaba lazos de forma más fuerte. ¡Muchísima suerte en tu viaje, Louis!
 
El visado chino nos brindó la posibilidad de cooperar con muuucha gente. Como ya escribimos en la entrada, movimos una energía tremenda, cargada de comprensión, ayuda y positividad. Las personas que nos unimos fueron, entre otras; Nieke y Mick, una pareja de Amsterdam, con los que realizamos nuestra reserva de los billetes de avión (falsa) en la que compartiríamos hasta asientos, y es que eramos, a los ojos mongoles, dos parejas que viajaban juntas… de alguna forma así era también a nuestros ojos.
Un australiano, que nos contó que estaba dando la vuelta al mundo… ¡pero en coche!, y no un coche cualquiera, no, un modelo viejo con ganas que había comprado en Londres, desde donde inició su gran aventura.
Y también debemos mencionar a Dafne y Amorí, otra pareja francesa que también estaba dando la vuelta al mundo, y mediante los cuales tuvimos acceso a la pirata agencia de facilitaba las invitaciones a China. Aquella estresante mañana no tuvimos posibilidad de entablar una buena conversación ya que las prisas nos apremiaban a todos, pero por la noche, de camino al albergue, nos los encontramos de “casualidad”, y pudimos conocerles mejor. Una pareja adorable.
En nuestro primer albergue compartimos habitación con una pareja de nuestra "previously on Adoska": Berna, Suiza, ellos eran Erreto y Ursina. Su llegada al dormitorio coincidió con la alegría de nuestro triunfo en la batalla contra el consulado chino, así que, tras relacionarnos y conocernos un poco, les dimos toda nuestra información acerca de la estrategia para hacerse con el visado chino. Nos lo agradecieron regalándonos una postal de su tierra y… ¡una tableta de chocolate suizo! Tableta que inexplicablemente logramos reservar hasta las dunas del Gobi, y que nos supo a gloria. Nos comentaron que tenían la intención de aprender acerca de la agricultura en este país a través de la iniciativa Wooff que pone en contacto con granjas en diferentes países en las que se realiza un intercambio de trabajo, aprendizaje y alojamiento. Nosotros ya estábamos al tanto de esta posibilidad gracias a Joseba, primo de Mikel, y no hizo sino acrecentar las ganas de tener la experiencia, pero cada cosa a su tiempo.
 
En el siguiente albergue en el que estuvimos, también conocimos a otras personas con las que mantendríamos muy buena relación y que en ocasiones se prolongaría hasta día de hoy, y de mañana. Por ejemplo: Armando y Nico, italiano y francés que se comunican en perfecto castellano, ¡y podrían hacerlo en catalán! Cosas del trabajo y la familia. Era muy graciosa la mezcla que hacían… Se encontraron en el camino, en un tour que compartieron, y como el siguiente destino iba a ser el mismo, decidieron hacerlo juntos. Y así seguirían, improvisando cada nueva etapa del camino, disfrutando. Forman una unión muy buena ya que se complementan muy bien, uno desastre, el otro disciplinado; uno extrovertido, el otro introvertido. Pero lo que más destacamos de ellos es que son muy buena gente, y lo que nos trasmitieron es que aunque se viaje solo, la vida del viajero siempre es compartida. De ellos, no nos despedimos, ya que sabíamos que en china volveríamos a vernos o quizá en Japón…
El albergue nos guardó otra sorpresa, y es que conocimos a la primera pareja española mochilera, Cecilia y Juan. Llegaron algo tarde para realizar el tour con nosotros, pero finalmente, dieron con más personas y pudieron empezar un tour similar al nuestro tan sólo un día más tarde, lo que nos facilitaría volver a coincidir con ellos un par de días durante el tour. Conocer a esta madura pareja fue una gozada, nos hizo romper (un poco más) los esquemas de que nunca es tarde para hacer las cosas que hemos soñado hacer, y que la edad no es una limitación para realizar un viaje largo, ellos ya llevaban más de 1 año viajando cuando llegaron a Mongolia. Además nos dieron un montón de consejos más para nuestra estancia en China e información nueva sobre el Tibet y sus últimos requisitos de entrada.
Una tarde de juegos en la sala común del albergue
 
En el tour al desierto del Gobi creamos un lazo muy especial con el grupo que formamos, cada uno era diferente y cada cual aportaba su propio color. Como una vez dijo una persona muy querida: -“Cuando un grupo se forma, cada uno tiene su propia vela, aportando su propia luz y calor. Y aunque suceda que alguien del grupo se vaya, su energía sigue estando en ese grupo, así como su lugar”. Este grupo fue formado tanto por viajeros como por la propia guía y los conductores, ¡éramos todos una piña! Y gracias a todos hemos aprendido mucho de cada uno de nosotros. Lo más importante del tour y su experiencia, lo que se queda en nosotros, vino más por el grupo que formamos que por los paisajes o la cultura descubierta.


Aje y Stinj, la pareja belga que más salsa daba al grupo. Aje con su eterna sonrisa y su afán por descubrir cada pequeño detalle y su explicación, ¡como buena psicóloga que es! Estuvo estudiando unos 3 meses en Sevilla, recordó su castellano con nosotros, ¡y nosotros encantados! Es vegetariana de nacimiento, y Claire y Amaia se unieron a ella al segundo día de catar carnes, ¡eso sí sólo durante el tour!  Stinj, que compartía esa curiosidad por la vida, por su parte, tiene una sencilla pero magnética personalidad, y daba una cálida protección y vida al grupo. Es un gran viajero, con mucho mundo a la espalda. Nos recordó que la libertad de pensamientos y acciones no está en otro lugar sino en nosotros mismos y que las ataduras, opresiones y limitaciones también, por más que nos guste quitarnos nuestra responsabilidad. Y todo esto, con ejemplos prácticos del día a día. ¡Sabiduría en estado barbudo!

 
Sergio, un arquitecto que se ha tomado un tiempo para viajar por el mundo. ¡Otro más que se baja del tren en la siguiente parada, para subirse a otros trenes! Es un argentino muy intrépido con muchos proyectos en mente. Uno de ellos es realizar un álbum musical con las personas que se va encontrando por el camino y que van aportando sus instrumentos y/o sus voces a su sueño. Proyecto en el cuál Claire participaría… ¿Por qué no pediría a Mikel añadir su gran talento a la grabación? jajajajjaa Junto a ella y Mikel, él se encargó del toque musical por las noches.

 
Mehdi es un francés que ha hecho un parón en el trabajo y que estará viajando durante unos 6 meses. Es una persona muy introvertida y reflexiva, pero que daba uneltoque de cordura y tranquilidad que todo grupo necesita. Estaba buscando reorganizar su vida y darse un espacio de tiempo para reflexionar tras su separación matrimonial. Siempre con una sonrisa en el rostro y un Snickers para compartir en la mano.

 
Alex y Claire. ¿Qué decir de ellos a estas alturas? ¡Nuestra pareja francesa! Exceptuando un par de días en diferentes albergues o quehaceres, estuvimos juntos durante toda la estancia en Mongolia. Desarrollamos muchísima complicidad, lo que nos ayudó a conocernos mejor. Estrechamos mucho los lazos y se convirtieron como en parte de nuestra familia. Un momento muy divertido e íntimo fue la fiesta del cumpleaños de Alex, ¡qué gran fiesta con tan poca cosa!.. Y ya que estábamos, pues nos decidimos a entrar a China juntos, ¡claaaaarooo!
 
Uurna, nuestra guía, proveniente de una familia nómada. Gracias a ella conocimos de verdad Mongolia; entendimos su cultura y nos regaló su visión acerca de su tierra. Sin ella, no hubiésemos comprendido las raíces de este país. Había estado 2 años en Londres, practicando y estudiando inglés, asique nos entendimos a la perfección. Un gran esfuerzo económico para su familia, sin duda, pero su padre ya veía venir los aires de cambio y lo apostó todo para su hija mayor. Por último los dos conductores de nuestras super furgonetas rusas, Baira y “Chocalá”. ¡Vaya dos elementos de la naturaleza! Simpatiquísimos mongoles de piel curtida que con su chapurreante inglés y sus bromas pusieron la nota de humor.

Mongolia al ser un país tan centralizado de cara a la organización de los routes a realizar, nos regaló el encuentro con todas estas personas. Ese es sin duda uno de los ingredientes más dulces que intervino para que se nos quedase tan buen sabor de boca.
Bairlaaaaaa!!

8 nov 2012

Uno bajo el cielo

Acomodo mi cabeza en la almohada, improvisada con ropa, y mientras el sueño viene a mi encuentro, reflexiono acerca de la idea del Khan.

 
"Un solo pueblo, unido bajo el cielo azul"

Cada ser sabiendo ser único, al tiempo que uno más. Diferente, pero de exacto valor. Conocedor de unos colores, desconocedor de otros. Pequeño y precioso hilo en el elaborado entramado del telar cósmico, insustituible, en su lugar, pero ni una pizca má valioso que los hilos que lo acompañan  a los lados o lo cruzan una, dos e infinitas veces.

"Un solo pueblo, unido bajo el cielo azul"

Donde no importen tanto las diferencias externas como las similitudes internas. Donde las únicas distinciones en el trato sean para dar a cada cual lo que entonces necesite para vivir, lejos de lo que caprichosamente se quiera. Donde se sepa cerrar un círculo enorme entre todas las personas, ser uno, como esta rica y colosal tierra.

Soñador... tantas veces me lo han llamado... pero no soy el único, no soy el único.

El sueño me encuentra con una sonrisa en el rostro, me da la mano y me invita a pasear por sus indómitos dominios.


Estoy tiritando. El frío traspasa el saco de dormir y clava sus colmillos helados en mi cuerpo, atenazándolo.Todos duermen, incluso el fuego.
Salgo del capullo de seda, pero no como una mariposa libre al viento. Siento mi cuerpo rígido, contraido, apegado a la tierra.
Tras lo que parece una eternidad consigo despertar al fuego, y debido al ruido y la luz, puede que a alguien más. O tal vez hayan sentido la primeras caricias de las llamas y sea por eso por lo que ahora lucen unos rostros más plácidos... De cualquier manera, vuelvo a respirar sin temor a que se me hielen los pulmones.

¿Cuánto tiempo llevo aquí, hipnotizado frente a estas cálidas danzarinas?
El fuego también es un cuentacuentos muy versado, puedes pasarte noches enteras escuchándolo, ni siquiera él sabe cuando empezó a contar historias.

Salgo de la ger. La noche ha pedido silencio al viento, que se ha ido  a otro lugar en busca de fiesta.
Sin siquiera pestañear, y sin poder impedírselo, mis ojos saltan hacia el cielo. Una nueva noche estrellada estalla contra mis pupilas.
En un instante he dejado de sentir el frío, es más, he dejado de sentir mi cuerpo y la tierra que lo sostiene. Me desvanezco pero no desaparezco; me fundo con las estrellas, la vía láctea, el universo.
No tengo ninguna forma, y sin embargo, soy parte de todas las cosas.
No estoy aquí ni allá pero estoy en todos los lugares.
No soy nada, y lo soy todo.
Sin espacio, sin tiempo, sin materia. Aquí, ahora, soy.

Un escalofrío me devuelve a la tierra, a esta fría noche del septiembre mongol, a mi cuerpo.
Me miro las manos, sonrío.
No somos nadie, y somos todos.




 

¿Qué será de estas tierras, qué será de la Tierra?


A pesar de los incontables inolvidables momentos vividos, Mongolia nos dejó un sabor de boca agridulce. Nos impresionó su estilo de vida tradicional nómada, su armonía con la naturaleza, su hospitalidad… pero el nivel de capitalismo al que los nuevos aires (y dirigentes) están dirigiendo al país nos dejó bastante chof...

Gracias a Uurna, nuestra guía en el tour, conocimos más profundamente y llegamos a comprender el estilo de vida nómada. Un estilo tradicional marcado por la vida de sus antepasados viviendo en plena naturaleza, uniéndose y mimetizándose en armonía con ella, respetando sus ritmos.
 
 
Gers, familias y su ganado van cambiando su lugar de residencia siguiendo las estaciones favorables para ello. Una libertad absoluta, acerca del trabajo y las relaciones sociales, resalta de un modo mucho más simple, llano y sencillo que en nuestra cultura.


Sin embargo, a pesar de ser tan tradicionales en ciertos puntos, sobre otros estaban totalmente abiertos a las nuevas tecnologías y modernidades, de hecho, vimos como más de uno de ellos gozaba de televisión, teléfono e incluso, ordenador, que mediante la energía solar podían conectar y recargar. Asimismo, era graciosísimo ver a los nuevos “modern cowboys”, motorizados, bastante más torpes que los veteranos en sus monturas.
 

Y un gran numero de monjes que lejos de prestar atención a la ceremonia y recitar sus mantras, hicieron que un reproductor lo hiciera en su lugar, dedicándose a sacar fotos con su... ¡ipad!

Uurna, nos hizo entender que la vida nómada era muy dura, especialmente en invierno, puesto que cada vez son más fríos. El cuidado del ganado es muy importante, podemos decir, sin exagerar, que es su fuente, no ya de ingreso o alimentación, sino de vida. Ropas, protección frente a chacales y lobos, bebida, forma de transporte… El ganado es vital, pero éste no soporta los duros inviernos con facilidad, y a menudo perece debido a las duras condiciones, de ahí que vayan moviéndose de lugar en lugar al ritmo de las estaciones.
 
 
Un creciente número de jóvenes buscan en la gran ciudad su oportunidad, huyendo de ese modo de vida tan duro, creyendo que lo que trae la modernidad será mejor. Nos topamos con unos cuantos carteles propagandísticos que aseguraban un futuro prometedor en la capital, invitando, en la imagen, a cambiar las ropas tradicionales de laboreo ganadero por un mono de obra. Viejas maneras por más madera. Los más avispados, soñadores y/o pudientes, aspiran a realizar unos estudios que les faciliten un trabajo estable y les lleve a asegurarse una economía y una seguridad permanente en unas condiciones más llevaderas.  El estilo moderno capitalista al que prácticamente la mayoría de la población joven mundial aspira está también en la diana de las nuevas generaciones mongolas.
 
 

Lo que ocurre es que la capital, punto cardinal de esta transformación, es una ciudad en acelerado crecimiento y cual culturista con prisa por desarrollar su cuerpo, Ulan Bator consume también productos nocivos para su salud y natural evolución. La contaminación, especialmente en invierno, es tal que incluso quienes apuestan por el cambio se alejan unos meses a otras “ciudades” o zonas rurales. Asimismo, la transición entre las pequeñas y tradicionales gers y los nuevos grandes edificios de viviendas es abrumadora; han construido una ingente cantidad de rascacielos en los que al pueblo mongol les cuesta vivir, y muchos aún siguen vacíos. Parece que quieran occidentalizar su capital al instante, sin dejar tiempo a la asimilación y al cambio.
 

Llegamos a la conclusión de que Mongolia dentro de no muchos años será muy diferente al país virgen y natural que hemos conocido. Ellos mismos reconocen que el estilo nómada está en declive. Saben que todo apunta a que, en un corto espacio de tiempo, sus formas tradicionales desaparecerán… pero a juzgar por lo que nos contó Uurna, parece no importarles demasiado, ya que para ellos es progreso. Miran adelante, y no les parece mala opción, no al menos peor que continuar con las antiguas maneras.
 
 

Es gracioso pensar que muchos occidentales podemos creer que parte de esas antiguas maneras y de la vuelta a esos espacios naturales podría ser el progreso (o regreso) que el mundo necesita. Porque estábamos hablando de Mongolia, pero su caso es similar (sólo que en versión acelerada) al de un lugar llamado planeta Tierra.